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viernes, 1 de enero de 2016

EL MARQUÉS DE BARIÑAS AZOTE DE LA CORRUPCIÓN EN LA DECADENCIA DEL IMPERIO ESPAÑOL

                                                                              
El imperio español donde nunca se ponía el sol (Fuente Juan Pérez Ventura "Grandes imperios de la historia")
                                                                            
                                                                             
Escudo del estado de Barinas en Venezuela
                                                                             
                                                                                 
Felipe IV , Retrato de Velázquez . Museo del Prado . Madrid . Fue el reponsable , en gran parte , de la decadencia del imperio español pero un gran rey en la protección al arte y a la cultura


El destacado hidalgo Gabriel Fernández de Villalobos y de la Plaza nace en la villa de Almendros (Cuenca) en 1642, cuando reinaba Felipe IV(1605-1665) y se agudizaba el declive del imperio hispano, además de consumarse la ruptura de la unidad peninsular con la desunión de Portugal. Era hijo de D. Pedro  Fernández de Villalobos y de Doña Francisca de la Plaza. Nada sabemos de sus primeros años de vida, pero era un hidalgo y como tal debió recibir las pertinentes enseñanzas, en las letras y en las armas, del estamento al que pertenecía, pero por la época decadente que atravesaba España se deduce que este período  debió de estar marcado por una acusada escasez, ya que a los doce años cruza el Atlántico y el resto de su edad juvenil lo pasará navegando como grumete en un desvencijado barco que recorre los diferentes puertos y fondeaderos caribeños.

Fue grumete, soldado, marinero, confidente y tabernero de piratas, amigo de la baja ralea, mayoral de un ingenio azucarero en Cuba, osado contrabandista...  Atrapó negros en el África tórrida para venderlos en las islas caribeñas,  en el interior de Brasil, en Panamá, en Colombia y en Venezuela. En todos estos lugares  mantuvo contactos y negoció con lo más floreado de la piratería, con avispados armadores y con traficantes de diversas naciones.

Durante sus primeros años por los caminos de la vida conocerá todas las costas, los ríos, las calas marinas donde el barco se resguardaba de peligrosos temporales. Pero como el mar tenebroso cuando se enfurece es traicioneramente imprevisible, naufraga cinco veces, la última frente al litoral brasileño. Este naufragio sucedía hacia 1663. Esta vez la suerte lo traicionará y lo llevará a lo más bajo de aquella sociedad indiana. Es apresado por unos desalmados negreros que lo venden como esclavo en la isla de Barbados, y además de trabajos forzados tiene que pasar calamidades y soportar improperios y latigazos.

Pasa unos meses en el recinto insular antillano sometido a maltratos y vejaciones, sufriendo el confinamiento esclavista y realizando los más duros trabajos por un plato de comida; pero poco a poco va despertando la curiosidad de sus amos. Dada su sagacidad y sus conocimientos artesanales, comerciales y culturales no pasará mucho tiempo en aquel oprobioso estado, ya que tiene la suerte de ser comprado y liberado por unos comerciantes holandeses con la condición de que se instale en Curazao como agente de ellos para comprar los productos que generalmente se comercializaban en nuestras posesiones de ultramar principalmente de Venezuela.

 
Fuerte Piscadera de la isla de Curazao

Cambio de rumbo



Esta nueva vida le conecta con el comercio y la agroganadería venezolana, y en consecuencia madurará su experiencia y desarrollará su instinto comercial. Pero Villalobos no está conforme con ser empleado; y viendo que tiene posibilidades de progresar por cuenta propia, hacia 1.672 finiquita su compromiso con los holandeses, monta su propia factoría en Curazao y nombra agentes comerciales en Cartagena de Indias,  Santa Marta,  Maracaibo y en los fértiles valles de Aragua y Yaracuy, donde el cacao y el tabaco se cosechan en abundancia.

En poco tiempo tendrá una extraordinaria infraestructura comercial de agentes compradores dotados de recuas. El negocio crece rápidamente, sus ingresos se multiplican  y su prestigio comercial se agranda a medida que sigue buscando nuevas fuentes comerciales. En esta época, Fernández de Villalobos, además de visitar comercialmente las islas caribeñas y ciudades costeras, se adentra con sus agentes en territorio venezolano. Llegan a Bariñas, los Andes, hasta los llanos del río Apure, por donde en frágiles canoas alcanzarán las selváticas riberas del Orinoco y  sus zonas de influencia.

Esos agentes comercian, o adquieren, los más insólitos géneros que se producen por aquellas latitudes; y desde aquellos lejanos parajes, sus hombres y recuas harán llegar hasta los puertos de la costa caribeña los artículos más solicitados; cueros de res, pieles de caimán, vistosas plumas de aves exóticas, oro, diamantes, tabaco, piedras preciosas... que serán regularmente embarcados para España, o ventajosamente contrabandeados con barcos franceses, holandeses e ingleses, a pesar de que la Corona hispana tiene prohibido a sus súbditos el comercio con las potencias extranjeras.

Además de estas mercaderías, negocia también en actividades navieras y en la compraventa de esclavos. Con la explotación de estos negocios, en poco tiempo, amasa una considerable fortuna que le abrirá las puertas de la administración colonial y de la alta sociedad criolla, esa que se enriquecía aprovechando el descontrol y la descomposición de la monarquía hispana. Al futuro marqués de Bariñas  aún no se le ha despertado esa conciencia que le ha de mortificar después.                     
Barinas a comienzos del siglo XX


 

 

 

 

Labor estadística


Como conocía ríos y caños costeros que desembocaban en el mar Caribe, se adentró por todos ellos y esquemáticamente tomó nota de todos sus accidentes y particularidades, de las tierras fértiles, de la fauna, de la flora, de las tribus que las poblaban, de los esclavos negros, o de los europeos que habitaban y explotaban esas  riberas, además de los ingenios productivos de azúcar o de madera  allí establecidos.                              





Restos de un ingenio de ázucar del siglo XVII en el Caribe
 


Dibujó croquis, mapas y cartas naúticas, estudió las corrientes de aquellas latitudes e hizo sondeos marinos; e inclusive señaló los lugares en los que habían naufragado barcos con metales preciosos e hizo una relación pormenorizada de las calas y fondeaderos de barcos piratas, de sus tripulaciones y de los escondites en los que habitualmente solían ocultarse.

                                              
El cunaguaro (leopardus pardalis) . El ocelote venezolano del que habla el marqués de Bariñas en sus cartas
                                                    



 
Río Santo Domingo en Barinas




Fernández de Villalobos ya no era aquel hidalgo pobre que llegó a las Indias occidentales veinte años antes, ya no pasa necesidades como cuando estaba en su pueblo conquense; ahora tiene porte distinguido, viste con refinada elegancia, es excesivamente presumido y de exagerada ostentación; con costosas joyas y  fastuosos vestidos. Y como audaz aventurero, y formado al socaire de la vida marinera y portuaria, es también un consumado mujeriego que, con sus fogosos amoríos, escandaliza a donde quiera que llega. A pesar de ello contrae matrimonio con una bella y rica criolla María Madera de los Ríos, aunque desconocemos si tuvieron descendencia.

No obstante, es cordial, locuaz y en particular sumamente agradecido al mundo que lo ha formado. A ese mundo pletórico de penalidades y quehaceres en que ha vivido sus años juveniles, sus trabajosas experiencias, donde más de una vez ha pasado calamidades sin tasa; y en la plenitud de su bien ganada abundancia y acordándose de sus días de escasez, su reconocida influencia le sirve de padrinazgo a quienes requieran favores de cualquier naturaleza; y su dadivoso bolsillo siempre estará abierto para socorrer con largueza al necesitado.

 
Juan José de Austria el gran valedor del marqués de Bariñas en la corte de Carlos II.  Óleo sobre lienzo c.1655-1660.  Anónimo.  Museo del Prado.  Madrid




Juan José de Austria, niño




Metas de mayor altura


Aunque dejaba traslucir ciertos visos caprichosos y, en algunas ocasiones era manifiesta su falta de tacto, producto de su picaresca juventud indiana, sin embargo su afabilidad era tan sincera que irradiaba simpatía por doquier. Maracaibo, y sobre todo la capital  Caracas, fueron sus ciudades preferidas en la amplia temporada que residió en Venezuela; donde mantuvo relación con lo más granado de la sociedad y con los altos jerarcas de la administración. Su carisma, su desenvoltura y su popularidad ,entre los años 1.672 y 1.675, lo llevarán a convertirlo en un admirado e influyente personaje. Era invitado obligado en toda fiesta oficial o privada.

Los dimes y diretes se suceden, los chismes maliciosos corren como la pólvora en los diversos corrillos indianos y los correos van y vienen desde ultramar a la Corte madrileña. En 1.675 las denuncias y las polémicas de Fernández de Villalobos ya eran sobradamente conocidas en la Corte, donde la España Imperial estaba bajo la regencia de doña Mariana de Austria (1634-1696) viuda de Felipe IV, quien miedosa de las apetencia regias del príncipe bastardo don Juan José de Austria (1629-1679), hijo natural de Felipe IV, guardaba celosamente el trono para su hijo, Carlos II "El Hechizado"(1661-1700).                      





 Mariana de Austria en su juventud. Óleo de Velázquez





Mariana de Austria , ya viuda de Felipe IV




Su ligereza y falta de tacto, frecuentemente lo llevaban a enconadas polémicas, ya que como le afectaba negativamente la poca libertad mercantil que entonces existía, habitualmente sostenía mordaces críticas hacia la errada política del restringido comercio que mantenía la Corona hispana. Estas agrias controversias le llevaron a enfrentarlo abiertamente con el gobernador Francisco Dávila y Orejón.                                      
                                                



File:Carlos II; Koning van Spanje.jpg
Carlos II como Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro.  c.1677.  Óleo de Carreño de Miranda,  Harrach Collection,  Schloss Rohrau,  Austria




En estas circunstancias Villalobos, es llamado, o empujado maliciosamente, a la corte en 1.675. Entonces la corte estaba invadida por arribistas que buscaban medrar a la sombra de la ineptitud de los ministros y del desconcierto real que existía. España atravesaba un mal momento histórico, y las circunstancias cortesanas no serán las apropiadas para la intervención de Villalobos como consejero real. Carlos II (el miembro de la familia Habsburgo con el mayor coeficiente de consanguineidad de la dinastía, un 0,254 – el que se puede encontrar en una relación entre padre e hija – ) tomaría en sus manos los destinos del reino a la temprana edad de catorce años. El 6 de noviembre de 1.675, cumplía esa edad y ese mismo día llegaba a Madrid Gabriel Fernández de Villalobos, quizás recomendado maliciosamente por Dávila y Orejón y posiblemente por don Diego de Acosta, Fiscal de la Real Audiencia de Santo Domingo. El gobernador Dávila y Orejón, veía al indiano como un peligroso denunciador de las arbitrariedades que los mandatarios reales y sus voraces colaboradores cometían en las Indias, y lo alejó del entorno caribeño para que no observara ni fiscalizara los turbios negocios que hacían estos funcionarios.

Fernández de Villalobos, aunque conocedor de las aguas caribeñas, parece un aprendiz de marinero porque no sabe nadar y guardar la ropa en los peligrosos mares de la diplomacia cortesana, e ingenuamente molesta a todo el establishment. Al que con más inquina y sarcasmo ataca es al poderoso conde de Medellín, quién por entonces, además de su inmensa influencia, ejercía la Presidencia del Consejo de Indias, y el confiado indiano, creyéndose astuto, capaz y merecedor del puesto, lucha por ocupar este alto cargo.

 


Carlos II el Hechizado.  Óleo de Carreño de Miranda.  c.1677-1679,  Ayuntamiento de Sevilla




Amenazas peligrosas






Atacado sin piedad, presionado por todos los flancos y amenazado de muerte por algunos miembros de la nobleza, Villalobos tiene que escapar a Lisboa. Los enemigos de España están al tanto de las enconadas cuitas de Villalobos, y esos enemigos les harán tentadoras ofertas para que desvele los secretos de sus conocimientos americanos. Pero Villalobos, alimentado por su  patriotismo que defiende con todo su corazón, rechaza toda oferta y resiste al envite de traicionar a su Patria y a su rey. Temerosa la Corte hispana de que hiciera alguna revelación, es llamado nuevamente a Madrid.

Después de serias vicisitudes cortesanas, como la destitución y prisión de Valenzuela (1636-1692), el valido de Mariana de Austria, y el destierro de la misma reina Mariana a Toledo, Juan José de Austria, tras su paso por Nápoles, Sicilia, Cataluña, Aragón, Países Bajos y Portugal, asume el gobierno de la Monarquía Hispánica como primer ministro en enero de 1.677. Fernández de Villalobos había intimado con éste, ya que siempre respaldó sus apetencias y se verá favorecido con su influencia. Y con este apoyo, al ambicioso indiano se le abrirán las puertas y se encumbrará rápidamente en los asuntos de Estado, puesto que por su celo, sus ideas prácticas y reformistas y sus conocimientos del mecanismo americano, ahora se convertirá en valioso colaborador y consejero  de Juan José de Austria.

A pesar de la inquina de sus enemigos y de la oposición sistemática de interesados dignatarios, Villalobos logra en parte lo que se proponía: se toman medidas y se promulgan leyes para suavizar el trato esclavista y beneficiar a los desposeídos americanos (pagarles un jornal a los indios por el trabajo que realicen, conceder a los criollos y a sus familiares iguales prerrogativas que a los hidalgos hispanos, etc.) además de frenar el contrabando, reducir el inmenso poder de la Iglesia y controlar más eficientemente la administración y la milicia de Indias. Previó la disolución del imperio colonial español y en su obra Mano de Relox se dirige al rey Carlos II con estas proféticas palabras: de un cabello está pendiente la desunión de las Indias de la Corona de Vuestra Majestad. (pag.147. Vid. más abajo el libro).


Esfuerzo baldío y tiempo perdido; de nada le valdrán exponer sus interesantes iniciativas reformistas ni sus acertadas soluciones. A pesar de sus desvelos y de su honrosa actuación, sus calumniosos adversarios no descansan en buscarle la ruina y le atacarán por todas partes, aunque el indiano siga prestando valiosos servicios a la Corona y el soberano le premie con el cargo de Contador real para Caracas y Maracaibo, lo nombre Caballero de la Orden de Santiago  y le otorgue, el 30 de noviembre de 1686, los títulos de marqués de Bariñas y marqués de Guanare, en recuerdo a dos ricos territorios americanos en los que el recién titulado marqués poseía grandes extensiones de terreno y otras propiedades.

                                                     


Escudo del marquesado de Bariñas (Fuente:
Miguel Carvallo Sayago .Universidad Central de Venezuela en su obra La Venezuela de sangre azul)
                                                      






Catedral de Barinas









Casa de la Cultura de Barinas


Indudablemente se sentía profundamente halagado con todas estas mercedes y prebendas, pero Fernández de Villalobos era hombre de ideas fijas, nada diplomático y de lengua desembarazada. Con estos hábitos y honores no lograrán acallarlo en sus críticas y denuncias porque el importante cargo que ocupa en la Corte le condiciona a lidiar con inmorales comerciantes, contrabandistas extranjeros y traficantes de esclavos, ya que, como asesor oficial en materia indiana, por sus manos tienen que pasar los estudios y licencias de toda índole que se concedan para comerciar con las posesiones de ultramar.

En repetidas ocasiones le son ofrecidas jugosas dádivas y abultados sobornos para que apruebe concesiones, licencias, negocios o proyectos presentados por codiciosos personajes, pero Gabriel Fernández de Villalobos no admite sucios ofrecimientos y fiel a su inquebrantables principios éticos y morales, visiblemente ofendido, rechazará todo regalo que le hacen.

Para desgracia de nuestro personaje, el gobierno de Juan José de Austria durará solamente dos años, ya que éste fallece en septiembre del 1679 y las aguas vuelven ahora con mayor fuerza al tenebroso cauce de abismos, intrigas y sobresaltos palaciegos.Al fallecer Juan José de Austria  los favorecidos de éste serán desposeídos de sus cargos, cayendo con mayor rapidez de la que habían llegado a  los puestos.

 

Villalobos escritor







Una de sus más famosas obras







El historiador  y militar Cesáreo Fernandez Duro profundo conocedor de la obra del marqués de Bariñas


Además de los cientos de cartas (solo en la Biblioteca Nacional de Madrid hay 106 cartas denunciando la corrupción en las Indias) que escribió, arrastrado por la pasión reformista que lo martirizaba, no hubo tema que no tocase ni arbitrariedad americana que no denunciase en sus escritos y memoriales que forman varios volúmenes, de los cuales se han perdido algunos. El capitán de navío de la Armada, el historiador y escritor Cesáreo Fernández Duro (1830-1908), Secretario Perpetuo de la Real Academia de la Historia,  relaciona muchos de ellos y ha sido el mejor conocedor de su extensa obra. Ya en nuestros días casi todos los americanistas españoles e historiadores venezolanos tratan de sus obras. Sirvan, a título de ejemplo, el catedrático de Historia de América de la Universidad Complutense de Madrid Jaime Delgado Martín que, entre varios estudios sobre él, tiene uno muy importante titulado Vaticinios sobre las indias y planes para conjurarla siglos XVII y XVIII (publicado en Quinto Centenario, 1981) y el escritor venezolano Ramón de Urdaneta Vid.  http://ramonurdanetavenezuela.blogspot.com.es/2013/06/el-noble-aventurero-marques-de-barinas.html
                                                         
                                                    
Otra de las muchas obras escritas por el marqués de Bariñas








   La muerte del infante Juan José de Austria y el ocaso del marqués


LaCalderona.jpg
Mª Inés Calderón (1611-1646) apodada la Calderona, famosa actriz de teatro , madre de Juan José de Austria





Juan José de Austria con la ciudad de Nápoles al fondo. Óleo de José Ribera. Palacio Real de Madrid



Juan José de Austria fue un eminente político, militar, legislador y estratega. Con grandes cualidades de mando, un educado hablar y gran capacidad en los campos de la diplomacia, la oratoria, propuesta y toma de decisiones, lo que contrastaba ampliamente con el carácter tímido y la personalidad apagada de su hermano Carlos II. Fue, además, el primero entre los políticos españoles que se dio cuenta del poder de la naciente prensa escrita y la impulsó sufragando revistas dirigidas por personas allegadas a él, aunque también sufrió las mordaces críticas de pasquines y libelos. En 1677,  Juan José de Austria estaba en la mitad de su periodo de gobierno pero las malas cosechas, el hambre y los brotes de peste le hicieron perder gran parte del apoyo popular que tuvo al acceder al gobierno. No obstante, el control que ejercía fue suficiente para evitar motines y maniobras y consiguió mantenerse en el poder hasta su muerte en 1679 debida a una apendicitis, aunque algunos historiadores sostienen que fue envenenado.  A su fallecimiento, como la política es tornadiza y más en aquella época, perdieron sus puestos todos los personajes que habían ocupado algún cargo durante el gobierno del príncipe Juan José de Austria. Fernández de Villalobos, tampoco escapará a esta criba persecutoria, pues aunque el rey le demuestre afecto y lo tenga en cuenta en algunas misiones, sus enemigos irán tejiendo contra él  una poderosa telaraña de intrigas.


Al parecer la Iglesia, a quién repetidamente atacaba Villalobos por su manifiesta voracidad, aunque  él era profundamente religioso, pone también su haz de leña para que arda la hoguera que ha de quemar al indiano. Una acusadora carta, sin firma, atribuida a los jesuítas americanos, en la que se le imputa ser falsario y traidor, además de negarle los conocimientos que dice tener de las cosas americanas, será otra más de las causas que tambaleen el aprecio y la credibilidad regia de que goza, y al mismo tiempo, haga acelerar el derrumbe político de nuestro encumbrado personaje.


Los ataques y las intrigas de sus poderosos enemigos surten el efecto destructivo perseguido, y al final la hecatombe no se hace esperar, y se le aparta de todos sus cometidos Pierde el favor palaciego y el monarca firma un real decreto desterrando a Cádiz al incorruptible marqués. Corría el año de 1.689, y Villalobos, atribulado por la apurada situación económica que padece su familia, mortificado por el desprecio real y lleno de achaques físicos y morales, desde el exilio que sobrelleva en la capital andaluza, envía cartas al rey, reclamándole justicia, o pidiéndole explicaciones sobre el injusto pago que ha recibido por su honrado proceder y por los relevantes servicios que ha prestado a la Corona y a España.

Sus últimos años


                                                     



El castillo de Santa Catalina en Cádiz, que fue prisión del marqués de Bariñas, es hoy sala de exposiciones y Bien de Interés Cutural (Foto de Paco Vera)
 



Se le confisca su patrimonio personal y se le confina en el castillo de Santa Catalina en Cádiz. Pero pasado unos meses las cosas se le complican y el rey ordena que se le traslade a un inmundo presidio en la costa africana de Orán. Va cumplir 60 años y su vista se va apagando; pero esto no hará decaer su espíritu luchador e intenta fugarse para liberarse de aquel confinamiento; descubierta sus pretensiones, es conducido al castillo de San Andrés considerado como recinto de máxima seguridad. Según pasa el tiempo, las cartas de reclamo escritas por el desdichado marqués se multiplican y la corte, azuzada por los enemigos de Villalobos, lo va tratando con mayor severidad.


El 8 de febrero de 1.698, un hecho fortuito le da la ocasión de huir de aquel infierno y a pesar de estar ya casi ciego, con ayuda de unos soldados, que se solidarizaron con él, escalan la muralla y escapan en una pequeña embarcación, pero debido a una tempestad, el pequeño barquichuelo naufraga estrellándose contra las rocas. Milagrosamente se salvan, y por la noche emprenden el camino hacia lo que es hoy ciudad argelina de Mostaganem al noroeste del país y con un excelente puerto  en el golfo mediterráneo de Arzew.



Pero todavía le quedaban arrestos para escribir al nuevo rey de España Felipe V para aconsejarle sobre las cosas americanas. Esta carta del marqués de Bariñas, está fechada el 24 de julio de 1702 y posiblemente fue lo último que escribió. Debido a sus dolencias y sufrimientos morales murió ese mismo año de 1702 en la ciudad argelina (entonces Orán) de Mostaganem en un tiempo de disputas dinásticas en España. Allá, en tierras de Orán deben reposar los restos históricos de quién fue azote de la corrupción en el reinado de Carlos II.


                                                                                 


                                              
Le Parc El Arsa en Mostaganem (Orán) ciudad donde en 1702 falleció Gabriel Fernández de Villalobos y de la Plaza
  





File:Moriscos Port d'Orán. Vicente Mestre.jpg
Desembarco de los moriscos en el puerto de Orán. Óleo sobre lienzo.  Vicente Mestre,  c.1613
                                                                            








Detalle de una casa solariega en Almendros (Cuenca), villa donde nació el marqués de Bariñas en 1642
         




                                                                               

Escudo actual de la villa de Almendros en Cuenca



CODA:   Con este artículo he querido rendir homenaje a mi sobrino-nieto Alfonso Gil-Delgado Eguiraun (1954-2006), cuarto marqués de Bariñas, muerto prematuramente el 5 de mayo de 2006 en Madrid. Y a mi sobrina Mª Isabel Eguiraun Sáenz, tercera marquesa de Bariñas, fallecida en Las Arenas (Guecho - Vizcaya) el 21 de agosto de 2014.

                                                                 

                                                                             



Carlos Gil-Delgado Medina, quinto marqués de Bariñas. Actual titular

















Felipe IV , a la edad de 23 años. Retrato de Rubens. Colección particular

                                                                                    
                                              

   

Felipe IV.  Retrato de Velázquez.  National Gallery.  Londres
                                       



Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645).  Gran crítico con  la decadencia del imperio español. Óleo, copia del original de Velázquez perdido, realizado por Juan van der Hamen





Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía


Primer cuarteto del soneto de Quevedo
Miré los muros de la patria mía
       






Iglesia de San Andrés en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) donde reposan los restos de Quevedo
                                                                                          
                                                           




Los restos están en el piso de la Iglesia protegidos por un cristal blindado
          
                                                                                                
                                                    





Vistos de frente. Encima de ellos la primitiva y humilde lápida de la tumba



Imagen ampliada
Retrato de Quevedo procedente de la obra de Francisco Pacheco, Libro de descripción de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones, Sevilla, 1599El poeta aparece como un césar glorioso coronado de laurel.
                                                                               






     
                                                                                             

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