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lunes, 26 de septiembre de 2016

MI PRÓLOGO DE "PUTAS. Un libro politicamente incorrecto" OBRA DEL ESCRITOR Y POETA RICARDO PLAZAS

Ricardo Plazas






Firmando uno de sus libros



Apuro el vaso de whisky que me quema dulcemente la garganta y los recuerdos se deslizan. Resplandece ese lugar oscuro escondido en la conciencia. Ningún remordimiento puede aplacar el significado de esa dicha tan presente. Las palabras, esas señales, se yerguen delante de sus sombras y la música que ayer bailábamos, extinguida, flota sobre tu cuerpo de puta silenciosa


Cuentus Interruptus de su libro Putas.Un libro politicamente incorrecto












Ricardo Plazas Kock y Eduardo Sáenz de Varona ante la Galería de arte El cuartito en Gaucín (Málaga. Spain)








Ricardo Plazas Kock (Málaga, 1968) de ascendencia castellana por línea paterna y alemana por la materna, nació en Málaga pero pasó su infancia en la finca  La Almunia por entonces propiedad de su familia y muy próxima a la villa de Gaucín (Málaga) en cuyo término municipal sigue viviendo en la actualidad. Ha sido colaborador de Radio Marbella y es autor de un libro de poemas, Poemas Un1versales (Edición del autor. Sin fecha). El presidente del Ateneo de Algeciras, el poeta Juan Emilio Ríos, ha escrito un poemario inspirado en este libro titulado Un universo en miniatura. Ha publicado, además, Fantástica ruina. Haikus flamencos  y Microrrelatos (Ronda, 2011) en colaboración con el poeta y flamencólogo Francis Prieto.

Putas, un libro políticamente incorrecto es pues su tercer libro y se mueve entre ese halo que nimba en Senos (Madrid, 1917, Imprenta Latina) de Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) y más en nuestros días en Coños (Salamanca, 1994, Ediciones Virtuales) de Juan Manuel de Prada y solo en cierto modo en Esa puta tan distinguida (Madrid, 2016, Editorial Lumen) de Juan Marsé.

El libro que tiene el lector entre sus manos está en la línea de las greguerías –- el sexo daría interés a un peñasco — de Ramón Gómez de la Serna entrelazadas con algún microrrelato ahíto de poesía como Cuentus Interruptus.

La greguería es un género iniciado por Gómez de la Serna y que éste explicita como el atrevimiento a definir lo que no puede definirse, a capturar lo pasajero, a acertar o a no acertar lo que puede no estar en nadie o puede estar en todos.

Estas greguerías y microrrelatos de Ricardo Plazas son una  mezcolanza de perspicaz ironía:

¿Cómo te llamas? Le pregunté.
Trescientos, contestó ella
¿Toda la noche?
No, chaval, por hora.
¡Trescientos por hora! Como los Ferraris.
Ferraris no, me llamo Mercedes.

 que hace sonreír al lector. Pero también contienen la lírica belleza de la poesía:

La puta embarazada…Bebí en su pequeña osa el néctar amargo de fresa. Acaricié su pecho de mayo y en él mis dedos se arrugaron con la aquiescencia de tres encadenadas sonrisas.

e ingenio: Las putas y las divas de la ópera realizan bien su trabajo abriendo mucho la boca.

o algo tan ínsito en la greguería como es el juego de palabras:   La puta máscara y la puta más cara solo se diferencian en un espacio que nos cuesta el dinero para disfrazar nuestro deseo.

No falta en el libro la aséptica pulla contra el establishment:   Los políticos y las putas gordas os dan su coñazo.


En esta nueva obra la voz de Ricardo Plazas erguida suena original, sin alambradas ni fosos, para defender su turbadora sinceridad y belleza.

En resumidas cuentas, estamos en presencia de una lectura que revela la sensibilidad, la pericia literaria y la inspiración de su fecundo autor.

Y ante quién alegue la fragmentación de la obra debemos oponer las palabras de Ramón Gómez de la Serna en el Prólogo a la edición de 1960 de las Greguerías: solo un maldito ha podido decir que su fragmentarismo se debe a holgazanería, ignorando que son lo más costoso de encontrar, y que en el entretanto del hallazgo de dos buenas greguerías se pueden escribir con facilidad los más largos ensayos o estudios históricos.


Ramón Gómez de la Serna



Círculo de Artistas de Ronda. Casino
Círculo de Artistas de Ronda. Obra del arquitecto modernista Pedro Alonso Gutiérrez. Inaugurado en 1903






Tapiz con el logo del Círculo de Artistas






Círculo de Artistas de Ronda: la profesora Ana Rosillo y Ricardo Plazas durante la presentación del poemario de este último Poemas Un1versales
















Presentación de Fantástica Ruina










Francis Prieto








Ricardo Plazas











Gaucín (Málaga. Spain)








Escudo de Gaucín








La serranía de Gaucín con luna llena 





CODA: El libro Putas. Un libro politicamente incorrecto, se publicará, probablemente, el próximo curso de otoño - invierno

martes, 6 de septiembre de 2016

HISTORIA DE UNA CONJURA

Luisa Isabel, duquesa de Medinasidonia de joven 






El rey de España entrega la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes a la duquesa de Medinasidonia






La Declaración del marqués de Ayamonte sobre la Conjura de Andalucía (1640)
                            

En el siglo XVII la Monarquía Hispánica vivió un período de crisis que no sólo puso fin a la hegemonía política de que había gozado en el siglo anterior, sino que puso en serio peligro a la Corona de los Austria. Dentro de este siglo resultó especialmente convulsa la década de los 40 y especialmente el año 1640, tanto es así que algunos historiadores han acuñado el término historiográfico de “La crisis de 1640”. En el exterior España veía como los tercios eran derrotados en los campos de batalla europeos en el contexto de la Guerra de los Treinta años y como la posesión de las colonias americanas eran amenazadas por incursiones inglesas, francesas y holandesas. En el interior, con la voluntad real y el gobierno en manos del valido conde-duque de Olivares (1587-1645) el reinado de Felipe IV (1605-1665) - gran protector de las artes pero mal político - asistió a un período de fuerte crisis económica, malestar social y convulsiones territoriales que cristalizaron en la sublevación de Cataluña de 1640, en la secesión de Portugal también en 1640 y con las conspiraciones del duque de Medina Sidonia en Andalucía (1641) y del duque de Híjar en Aragón (1648).

 



 El IX duque de MedinaSidonia. Autor desconocido. Colección MedinaSidonia




La conjura protagonizada por don Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, el Bueno, IX duque de Medina Sidonia (1602-1664) y su primo don Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga (1606-1648) VI marqués de Ayamonte, es uno de los episodios menos conocidos de este período de alteraciones contra la monarquía de Felipe IV y su valido don Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde-duque de Olivares. La conspiración andaluza tiene una relación lejana con la sublevación de Cataluña y, sobre todo, se entrelaza y está estrechamente vinculada con el levantamiento y secesión del reino de Portugal encabezado por don Juan, duque de Braganza, a la sazón cuñado del duque de Medina Sidonia, por matrimonio del noble portugués con la hermana de don Gaspar Alonso de Guzmán. No en vano, la tradición cuenta que fue doña Luisa de Guzmán, hermana del duque de Medina Sidonia, la que empujó a su marido a aceptar la corona portuguesa a quien apremió diciéndole Más vale ser reina por un día que duquesa toda la vida.






Juan IV de Portugal. Retrato de José de Avelar Rebelo de 1643.  Paço de Vila Viçosa (Évora. Portugal) 

 

Los hechos comienzan cuando el 1º de diciembre de 1640 los nobles portugueses, que deseaban la vuelta de Portugal al estatus de reino independiente que había perdido en 1580, proclaman como rey Juan IV de Portugal(1604-1656) al duque de Braganza. En las causas finales para que se produjera el levantamiento portugués convergen las aspiraciones de independencia y la poco acertada presión fiscal y militar que el gobierno de Olivares ejerció sobre los nobles portugueses destinada a sofocar la sublevación de Cataluña de mayo de 1640. La respuesta de Madrid a esta proclamación fue la movilización de varios ejércitos a lo largo de la frontera portuguesa, correspondiendo al duque de Medina Sidonia, como Capitán General del Mar Océano y Costas de Andalucía, la vigilancia de la raya entre Andalucía y el Algarve. Asimismo, se dispuso la formación de una Junta de Guerra ubicada en Ayamonte, como plaza de armas, presidida por el duque de Medina Sidonia y con su primo el marqués de Ayamonte como Gobernador de armas.

A partir de ese momento toda la responsabilidad y las suspicacias –no se olvide los lazos de sangre que lo unían con el cabecilla de los sublevados portugueses, su cuñado el rey Juan IV- recayeron sobre don Gaspar Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia. Desde la corte apremiaban al duque para que pusiera en ejecución una serie de medidas tendentes a acabar con la sublevación portuguesa en el Algarve. Frente a la celeridad con la que don Gaspar actuó en 1637 a una sublevación en Évora, ahora contestaba con gran pasividad mediante excusas y solicitando medios, lo que provocó una creciente tensión entre la Junta de Ayamonte y la Corte.

En el verano la tensión se mezcló con los rumores y, finalmente, éstos con denuncias de una conspiración liderada por el duque de Medina Sidonia y por el marqués de Ayamonte. Se acusaba a los primos de planear una sublevación de Andalucía, apoyados por los portugueses y otros nobles andaluces, que tendría como último objetivo la proclamación de don Gaspar Alonso de Guzmán como rey de Andalucía. Según los denunciantes: se permitiría la entrada de tropas portuguesas por Ayamonte al frente de las cuales se pondría el marqués de Ayamonte con destino a Sevilla; el duque de Medina Sidonia esperaría en Sanlúcar la llegada de una flota franco-lusa con la que ocuparían Cádiz; el marqués de Poza sería el encargado de la toma de Málaga; y además se presumía que los sublevados contarían con el apoyo de otros grandes señores andaluces, como el poderoso duque de Arcos, al que se pretendía unir mediante lazos familiares con el matrimonio de sus hijos; también, se denunciaba un pacto del duque de Medina Sidonia con el reino de Fez para el caso de que fuera necesario el concurso de tropas marroquíes.

Ante éstas denuncias de conspiración la reacción desde Madrid no se hizo esperar, de un lado se llamó al duque para que acudiera de inmediato a la Corte sin desvelarle las acusaciones que pesaban sobre él, de otro se envió al noble andaluz Luis de Haro a calmar los ánimos de los nobles andaluces y, por último, continuaron acumulando pruebas en contra de don Gaspar Alonso de Guzmán y de don Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga, marqués de Ayamonte.

 

 

El epìlogo de la conjura

 

 

 

 

El duque de Medina Sidonia demoró su viaje a la Corte hasta la segunda mitad de septiembre, instalándose con gran boato en Loeches, villa del señorío del conde-duque de Olivares, todavía se mantenía la apariencia de normalidad. Parece que durante su estancia en Loeches se conminó al duque de Medina Sidonia para que confesara. Por fin, el 21 de septiembre de 1641 se produjo en el Alcázar de Madrid la confesión del duque de Medina Sidonia, arrodillado ante Felipe IV y con Olivares y el Protonotario como únicos testigos. Resumiendo la confesión venía a decir que había sido convencido y manejado por el marqués de Ayamonte, a quien culpaba de ser el cerebro de la conjura. Añadía que él nunca había querido ser proclamado rey de Andalucía a pesar de que le animaban a ello, que lo que él perseguía es que se apartara a Olivares del gobierno y que se volviera a introducir el brazo de la nobleza en las Cortes. Insistía en inculpar al de Ayamonte, quien según el duque de Medina Sidonia, pretendía reducir Andalucía a república.

El rey perdonó al duque de Medina Sidonia, quien quedó libre e intentó lavar su imagen retando a un desafío caballeresco a su cuñado Juan IV de Portugal, por haber deshonrado al linaje de los Guzmán al levantarse contra Felipe IV. Para el desafío el duque se trasladó a Valencia de Alcántara en la frontera portuguesa, donde permaneció hasta diciembre de 1641 esperando a que acudiera su contrincante. De Valencia de Alcántara el duque se trasladó a Garrovillas, en Extremadura, donde debía permanecer hasta nueva orden del rey.

De esta forma quedaba neutralizada la conjura tramada por el duque de Medina Sidonia y su primo el marqués de Ayamonte. Ahora bien, esto no supuso el fin de los males del duque ya que tras no acudir a una llamada del rey a Vitoria y hacer una escapada a Sanlúcar de Barrameda sin permiso real, don Gaspar Alonso de Guzmán fue culpado de desobediencia al rey y condenado al exilio definitivo en Valladolid. El exilio no sería el castigo más duro para el duque, quizá lo más doloroso sería la reversión de la villa de Sanlúcar de Barrameda y su jurisdicción a la Corona, perdiendo el linaje de los Guzmanes la posesión que había dado origen al Estado de Medina Sidonia. Además, la pérdida de Sanlúcar y los privilegios que en ella disfrutaban suponía la ruina económica para el Ducado de Medina Sidonia dado que en ellos radicaban una de las principales fuentes de ingresos.

 

 

 

 

 El marqués de Ayamonte. Retrato atribuido Francisco Pacheco (1564-1644). Colección particular


Una suerte distinta y con final más trágico, corrió el otro cabecilla de la conjura, don Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga, marqués de Ayamonte. Frente al trato benigno que se dio al duque de Medina Sidonia, a quien en un principio se perdonaron todos sus yerros y al que se intentó exculpar frente a la opinión pública, se cargó todo el peso de la culpa sobre don Francisco Manuel. El 26 de septiembre de 1641 el rey remitía al Consejo de Castilla la causa contra el marqués, al que se iba a erigir en principal y único cabecilla de la conspiración, convirtiéndolo en una suerte de cabeza de turco a la par que se acallaba y borraba cualquier acusación que pudiera recaer sobre el duque.

El marqués acudió a la Corte obligado por el conde de Peñaranda, que entró en Ayamonte con un destacamento de tropas y recogió nuevas pruebas y delaciones en su contra. El de Ayamonte no pudo llegar a la Corte, quedando preso en la villa de Illescas en octubre de 1641, donde realizaría la confesión de culpabilidad que recoge el documento ut supra . La instrucción del proceso contra don Francisco Manuel se demoraría varios años, hasta que en 1643 fue acusado por el fiscal del Consejo de lesa maiestatis in primo capitae. Tras varios años en los que fue trasladado de Illescas a Santorcaz, después a Pinto y finalmente al Alcázar de Segovia, fue condenado en 1646 a muerte por delito de lesa majestatis. El marqués de Ayamonte sería decapitado en el Alcázar de Segovia en diciembre de 1648.

 

 El testimonio del marqués de Ayamonte

 

 

 

 

En muchas ocasiones la Historia, en su acepción de narración y análisis de acontecimientos del pasado, queda limitada o falseada por la falta o desconocimiento de la materia prima sobre la que esta ciencia se fundamenta, los documentos. Son numerosos los casos en que la exposición de unos hechos pasados y su interpretación historiográfica han quedado mermadas por la falta de documentos que permitieran realizar una correcta reconstrucción y un análisis científico de los mismos. A la par, el hallazgo de un fondo de archivo o de un documento perdido ha permitido la correcta reconstrucción de los acontecimientos y una reinterpretación más acertada de los mismos. Sin querer resultar pretenciosos, pensamos que el documento  Declaración de Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga, marqués de Ayamonte, sobre la conjura de Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia en Andalucía, puede aportar nueva luz sobre el conocido episodio de la Conjura del duque de Medina Sidonia de 1641.

 

Hasta ahora, la Declaración era conocida por una copia contemporánea de los hechos, sacada de otra copia inclusa en el proceso judicial contra el marqués, que se conserva en la Biblioteca Nacional con la signatura BNM, 722. El uso obligado, ante la falta del original, de esta copia como fuente y la relevancia que este documento tiene en la interpretación la Conjura ha llevado a que los historiadores no hayan podido hacer un análisis completo de los acontecimientos. La localización del original de la Declaración cobra más importancia si tenemos en cuenta que este documento fue la piedra angular de la acusación contra el marqués, a quien como se señala más arriba se convirtió en cabeza de turco en el castigo de la conspiración. Si a ello añadimos, que el de Ayamonte basó su defensa en posteriores declaraciones con el argumento de que la Declaración había sido manipulada y falseada y que ésta la había hecho con la promesa del conde-duque de que sería perdonado si se declaraba culpable, el hallazgo del documento original se revela como trascendental en nuevas investigaciones sobre el tema.

El original de la Declaración del marqués de Ayamonte fue  localizado formando parte del Fondo de la familia Hoces, condes de Hornachuelos y marqueses de Santaella, que se custodia en el Archivo General de Andalucía. Este fondo ingresó en el Archivo en marzo de 1994 formando parte, junto con los fondos Quijada y Zapata, del denominado Archivo Antonio Moreno, por compra realizada por la Consejería de Cultura. Por desgracia, hasta ahora desconocemos las causas y el contexto por los que la Declaración se conserva en este Fondo, dado que en apariencia la familia Hoces no tuvo ninguna relación con los hechos que el documento testimonia.

Don Francisco Manuel realizó este testimonio en la localidad toledana de Illescas los días 16 y 17 de octubre de 1641 ante don Alonso Guillén de la Carrera, consejero de Castilla e Italia. Cuando declaró la Conjura había sido abortada y el marqués era consciente de que el duque de Medina Sidonia había renunciado a llevar a cabo cualquier alteración contra el rey o contra el valido. Sobre el contenido de la declaración  podemos resumirlo diciendo que el marqués intentó exculparse de cualquier responsabilidad y que antes bien su papel había consistido en advertir al duque del error de proclamarse rey de Andalucía y en sugerirle que la convirtiera en una república hasta que la caída de Olivares permitiera su restitución a la Corona. El de Ayamonte se presenta como un actor secundario de la conspiración y no escatima en datos y en nombres, centrando toda la responsabilidad sobre el duque de Medina Sidonia e implicando veladamente a otros nobles a los que otorgaría una participación subsidiaria, como el duque de Arcos o el marqués de Poza.

Ante la evidencia de que el perdón al duque no iba a ser extensivo a su persona, la estrategia de la defensa del marqués se centró en invalidar su primera declaración y en acentuar la responsabilidad del duque de Medina Sidonia. En posteriores declaraciones don Francisco Manuel se defendía afirmando que habían manipulado su declaración de Illescas y que habían falsificado su firma. En un último intento desesperado por desautorizar su declaración, señaló que ésta no era válida al no haber sido extendida en papel sellado, requisito éste que debían que tener los documentos públicos desde 1636.

Pero a la luz de la declaración original y haciendo un cotejo con la copia del proceso judicial que se conserva en la Biblioteca Nacional, ¿eran ciertos los argumentos invalidatorios que aducía el marqués?. Comparando el original de la Declaración conservada en el Fondo Hoces del Archivo General de Andalucía con la copia de la Biblioteca Nacional observamos que en efecto existen notables diferencias entre un texto y otro. Sin entrar en una análisis profundo y a simple vista, llama la atención que en el segundo texto, en la copia de la Biblioteca Nacional, ha desaparecido cualquier referencia explícita al duque de Medina Sidonia y donde éste aparecía nombrado en la primera declaración ha sido sustituido por la expresión “la otra persona” . Asimismo desaparece cualquier alusión referida a otros nobles de Andalucía que en la versión original sí están presentes. También se observa que en el texto de la copia que obra en el proceso judicial se han suprimidos muchos y extensos párrafos del original. Por lo que respecta a las firmas, hay que señalar que tanto al final del testimonio del 16 de octubre como al final del 17 de octubre aparecen la firma y rúbrica del marques de Ayamonte, sin que acompañe la del funcionario que daría fe del acto. Únicamente en el margen superior izquierdo los folios verso de la Declaración ut supra aparecen dos rúbricas, sin que podamos concretar a quien pertenecen. Todos estos cambios nos permiten afirmar que, sin negar la implicación del marqués de Ayamonte en la conspiración, los argumentos con los que don Francisco Manuel intentó invalidar la declaración que obraba en el expediente judicial no carecían de fundamentos. Quizá sea este un caso en que la Historia y la Diplomática – ciencia encargada entre otras materias de la autenticidad de los documentos -  deban aliarse para poner luz sobre la veracidad de este testimonio.

Con todo, la Declaración de Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga, marqués de Ayamonte, sobre la conjura de Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia en Andalucía custodiada en el Archivo General de Andalucía se erige en un documento de excepcional importancia para todos aquellos que quieran acercarse al estudio de este episodio de la historia de Andalucía.

 

 

Bibliografía

 

 

Para aquellos que deseen conocer más sobre este tema les sugerimos la siguientes obras:

 

El capítulo 8 dedicado a La Conjura de la espléndida obra Medina Sidonia : el poder de la aristocracia, 1580-1670,  Luis Salas Almela. Madrid, Marcial Pons, Ediciones de Historia, S. A., 2008

 

 

También es interesante el artículo del historiador sevillano Antonio Domínguez Ortiz titulado La conspiración del Duque de Medina Sidonia y el Marqués de Ayamonte en Archivo Hispalense,  Revista Histórica, Literaria y Artística. Tomo XXXIV, Nº 106. Sevilla, 1961, pp. 133-159

 

 

 


 Luisa Isabel Alvarez de Toledo, duquesa de Medina Sidonia  en su libro Historia de una conjura  (Luisa Isabel Alvarez de Toledo, duquesa de Medina Sidonia. Cádiz, Diputación Provincial, 1985) pone en duda la existencia de la conjura de los nobles andaluces y sostiene que todo habría sido una intriga orquestada desde la Corte por el conde-duque de Olivares y Felipe IV para que Sanlúcar de Barrameda y todo su potencial económico volvieran a la Corona.

 

 

 

 

 

 

 

                                                 Luisa Isabel en su archivo de Sánlucar de Barrameda

 

 

                   Depósito del Archivo General de la Fundación Casa Medina Sidonia

 

 

Fachada principal del palacio de los Guzmanes, BIC, en Sánlúcar de Barrameda (Cádiz), sede de la Fundación Casa Medina Sidonia, donde se encuentra ubicado el Archivo

 

 

 

Escudo del ducado de Medinasidonia





Jardines del palacio de los Guzmanes




 Felipe IV a los 23 años, Rubens. Colección particular

 

 

 

 

           

 El conde-duque de Olivares.Velázquez, 1634. Museo del Prado            

 

 

 

  Felipe IV, Velázquez. National Gallery. Londres 

 

 


 

 

 

  Felipe IV, Veláquez. Museo del Prado. Madrid

 

 










Luisa Isabel Alvárez de Toledo y Maura (Estoril. Portugal, 1936-Sanlúcar de Barrameda. Cádiz 2008)  XXI duquesa de Medina Sidonia — ostentó el primer ducado hereditario que se concedió en la Corona de Castilla en 1445 por el rey Juan II — XVII marquesa de Villafranca del Bierzo, XVIII marquesa de los Vélez, XXV condesa de Niebla, tres veces  Grande de España. Escritora, historiadora, coservadora y catalogadora del Archivo de la Casa de Medina Sidonia, el archivo histórico privado más importante de Europa







Luisa Isabel








Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura (1936-2008), duquesa de Medina Sidonia, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Hija adoptiva de Sanlúcar de Barrameda, en el Archivo de la Casa de Medina Sidonia (Palacio de los Guzmanes) a cuya conservación y catalogación dedicó toda su vida 







Escudo en el palacio de los Guzmanes
















         Recuerdo de Luisa Isabel Alvárez de Toledo que, en mi infancia, paseaba por Chipiona (Poema)




Escuece el sol entre las viñas de Sánlucar.

Está quemando las palmeras más arriba de las Covachas.

En un sillón de mimbre,

la figura recogida, el pelo corto,

alguien escribe

sin escribir,

el archivo de una vida.
                                                       La lejana historia de los hombres




De mi libro Como nace un deseo sobre torres de espanto





 Luisa Isabel en su Palacio de Sánlucar de Barrameda, más arriba de las Covachas