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viernes, 5 de diciembre de 2014

MIGUEL DE MOLINA

                                                                            
Miguel de Molina en 1943
 Miguel de Molina canta La bien pagá, composición del maestro Perelló, en la película Esta es mi vida dirigida por Ramón Vinoly en Argentina en 1952

                             Miguel de Molina canta Ojos verdes de Valverde, León y Quiroga



Este artista genial, nació en Málaga el 10 de abril de 1908 con el nombre Miguel Frías Molina

Hijo de una familia humilde vino al mundo en una Andalucía donde habitaba la pobreza, los terratenientes, el clero de la época, la superstición...y todo ello suponía un caldo de cultivo para provocar una guerra civil como ocurriría posteriormente. Su padre era epiléptico y pasaba los días postrado en la cama.


Cuando  se proclama la república, es cuando Miguel se decide a dedicarse profesionalmente al mundo del espectáculo. Se convierte a partir de ese momento en Miguel de Molina y populariza canciones como «El día que nací yo» y «Ojos verdes». Al mismo tiempo obtiene un gran éxito bailando el «Amor Brujo» de Manuel de Falla. Miguel de Molina es un artista de composturas muy finas pero no amaneradas. Rompe moldes utilizando chaquetillas muy ajustadas y floreadas que marcarán su personalidad.
Miguel triunfa en Madrid, pero será en Valencia donde alcance su madurez artística. Recorre casi todas las poblaciones valencianas actuando en los teatros de Alicante, Castellón, Sueca, Xàtiva, etc. El estallido de la guerra civil le coge rodando su primera película en Barcelona, y que nunca sería estrenada. Miguel de Molina vuelve a Valencia donde adquiere una casa para vivir junto a su madre.
Es reclutado por el bando republicano para el servicio militar, pero su condición de artista le permite ser elegido para actuar por los pueblos y ciudades ante las tropas republicanas. Miguel de Molina declararía que cuando vio la película «Ay Carmela», le recordaba los tiempos en que él hacía lo mismo: levantar los ánimos del ejército republicano. En Teruel actúa en el frente de guerra y en mitad de la actuación sufrieron un ataque de las tropas de Franco, que finalmente logran entrar en Valencia. En ese momento se le recomienda a Miguel de Molina que asista a recibir a las tropas franquistas en la capital valenciana si no quiere tener problemas y Miguel, asustado, asiste a la entrada junto a otros artistas que son colocados en una tribuna, siendo obligados a realizar el saludo fascista.
En la España ya franquista Miguel de Molina recibe la visita de un empresario, miembro del Movimiento, quien le obliga a firmar un contrato para actuar por toda España a cambio de 500 pesetas por actuación, cuando anteriormente llegó a cobrar 5.000. Si no acepta las condiciones, se le prohibirá trabajar y su pasado como artista en las tropas republicanas le pasará factura. Miguel manifestó siempre que sus ideas eran las del respeto mutuo y la libertad de todos los hombres, pero la época no entendía de esta  filosofía.
Cuando lleva un año junto a otra compañera actuando para este empresario, aunque sabe que detrás hay alguien más importante, decide no renovar el contrato y así lo comunica a su interlocutor. Recibe esa noche una visita de tres individuos que le obligan a subir a un coche manifestándole que tienen orden de llevarle a la Jefatura Superior de Policía en el Paseo de la Castellana. Pero el vehículo seguirá hasta un descampado donde Miguel de Molina es brutalmente torturado: le arrancan el pelo a jirones, le rompen varios dientes y le desfiguran completamente la cara mientras le gritan "esto por maricón".
Estos tres individuos que se habían identificado como policías, siendo unos de ellos José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde que después fue alcalde franquista en Madrid. Años más tarde, en una entrevista concedida a Carlos Herrera, el agredido identifica a dos de sus agresores: Finat y Escrivá de Romaní y Sancho Dávila.
Miguel piensa que van a matarle y de hecho escucha algunos disparos mientras pierde el conocimiento. Cuando despierta está solo en mitad del descampado y como puede consigue parar un coche que le llevará a su casa en Madrid.

Su negativa a actuar para el empresario le ha costado muy cara. Recibe una notificación para ser confinado en Cáceres y de ahí pasará a Buñol, donde se le prohibe trabajar. Levantado el confinamiento y de nuevo viviendo en Valencia, Miguel de Molina recibe una invitación para actuar en Zaragoza y tras esta actuación le vuelven a prohibir que pueda trabajar.
Miguel de Molina, cansado de las prohibiciones para poder actuar, y con la urgente necesidad de ganar dinero, consigue de un amigo un pasaporte para viajar a Buenos Aires, quien además le 
acompaña para cruzar el charco y vivir en él. Es el año 1942 y el artista acaba de cumplir 34 años.
En la capital argentina triunfa allá donde actúa y adquiere una casa en propiedad que va llenando con sus múltiples pertenencias adquiridas con el dinero que va ganado. Sin embargo un día recibe una orden de que debe abandonar el país, por orden de la embajada española, sin más explicaciones. Pero antes pasará siete días en la cárcel y cuando sale para ser embarcado rumbo a España le habrán quitado todo el dinero que tenía, así como sus pertenencias de la casa: cuadros, joyas, antigüedades, marfil, etc. Precisamente será su amigo, y quien le consiguió el pasaporte, uno de los que más le expoliaron. Miguel de Molina estaba predestinado a estos desengaños.
Cuando vuelve a España se ve obligado a malvivir y descubre que todas sus desgracias: la explotación en las actuaciones durante los primeros años del franquismo, la paliza, la prohibición de actuar, su expulsión de Buenos Aires, etc. se deben a un mismo personaje: un alto funcionario de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco al que no conoce ni ha visto jamás. Un alto funcionario que además es homosexual y quiso destrozar a Miguel de Molina probablemente por que él quiso ser como el artista y nunca lo consiguió.
Viaja entonces a México y vuelven los problemas. Miguel de Molina está teniendo un notable éxito allá donde actúa, pero los teatros son controlados por un sindicato que preside Jorge Negrete. Algunos enviados avisan a Molina que debe someterse a las leyes que marca Negrete, pero Miguel se niega. A partir de ahí se le intentan «reventar» algunos espectáculos; colocan petardos en sus actuaciones e incluso una de ellas es interrumpida con grandes gritos por el secretario de Negrete: ni más ni menos que Mario Moreno «Cantinflas»
.El gobierno de Argentina ha cambiado y Miguel de Molina recibe una llamada de Eva Perón para que actúe en Buenos Aires en un festival benéfico. Hasta allí viaja Miguel y le cambia la vida. Firmará contratos con multitud de empresarios y participará en películas como Luces de candilejas o Ésta es mi vida. Actuando tambien en teatros, radio y televisión.
En 1957 vuelve a España y recorre toda la geografía española actuando.

Miguel de Molina actuó en varias ocasiones en Montevideo y Punta del Este. Miguel, ayudado por su amigo y extraordinario bailarín Ángel Pericet, convencieron a Imperio Argentina para que se presentara en el teatro. Nunca antes lo había hecho y acostumbrada al cine, el teatro le aterraba. Pero fue en el Teatro Artigas de Montevideo donde Imperio se presenta por primera vez en un teatro, compartiendo escenario con Miguel de Molina. Un exitazo que nunca más pudo repetirse. Posiblemente porque eran dos figuras muy grandes para un mismo escenario.
En 1960, a los 52 años, decide dar por finalizada su carrera artística.
Ángela Molina y Manuel Bandera en la película Las cosas del querer
La película Las cosas del querer dirigida por Jaime Chávarri en 1989 e interpretada por Manuel Bandera, Ángela Molina y María Barranco es una versión libre basada en su vida. Resultó un éxito de taquilla. En los años noventa se hizo una segunda parte en Argentina. A Miguel de Molina, la producción de la película no le pagó derechos por utilizar, de manera libre, su historia personal.

A finales de 1992 a los 84 años, el rey Juan Carlos I le otorgó, por medio de la embajada, la Orden de Isabel la Católica, el embajador, en nombre del rey dijo que Miguel de Molina se lo merece. Ha sido el mejor en el renacer actual de la copla y sigue siendo el maestro indiscutido de todos. Sirva esta condecoración de sentido reconocimiento y homenaje a su entrañable labor representando lo más noble y profundo de España.


                                                      
Miguel de Molina, Hijo Predilecto de Málaga, el día de la imposición de la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Cátolica
Miguel de Molina manifestó entonces que desde 1940 a 1992 habían pasado 52 años, «es cierto que en España, gracias a la democracia, a su majestad el rey Juan Carlos I y al pueblo, se barrió el fantasma de Caín...pero yo sentía que esa reparación, que quería simbolizarse en la condecoración, me llegaba demasiado tarde. De 1940 a 1992 España tardó cincuenta y dos años en darse cuenta de que habían tronchado la vida de un hombre que hubiera querido crecer artísticamente y desarrollarse en la tierra donde nació, sin ser ingrato con la Argentina que me cobijó».

Tres meses después la muerte le sorprendió en su casa de Buenos Aires, el 5 de marzo de 1993.
   

                                                      
Monumento a Miguel de Molina en Málaga

    
                                                 
Exposición sobre Miguel de Molina en 2012 en El Casino de la Exposición de Sevilla
                                                     
El Casino de la Exposición de Sevilla durante la muestra en homenaje a Miguel de Molina

Pabellón de Sevilla en la Exposición Iberoamericana de 1929 hoy Casino de la Exposición obra del arquitecto Vicente Traver en una foto de la época de su construcción



 Entrevista de Carlos Herrera en Buenos Aires 1990

lunes, 1 de diciembre de 2014

HOMENAJE AL ESCULTOR ENRIQUE BROGLIA EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

Enrique Broglia en el Museu Es Baluard de Palma de Mallorca
El 18 de septiembre se cumplió el primer aniversario del fallecimiento del escultor Enrique Broglia al que queremos rendir homenaje a través de estas líneas.
Enrique Broglia (Montevideo, Uruguay, 1942-2013) se dedicó desde su juventud al dibujo y la escultura. Obtiene su primer éxito al concederle el Gran Premio de la 2ª Bienal de Jóvenes de Montevideo en 1962. En 1968 recibe una beca del gobierno de Francia para ampliar sus estudios y experiencias plásticas y fija su residencia en París, permaneciendo allí entre 1969 y 1983, año en que se traslada a Palma de Mallorca dónde vivió varios años.
Ha sido Segundo Premio del Salón Nacional de Bellas Artes, Montevideo, 1962; Primer Premio del Salón del Poema Ilustrado, Uruguay, 1964; seleccionado en el Premio Internacional de Dibujo Joan Miró de Barcelona en los años 1966 y 1968.
Sus primeras exposiciones tienen lugar en Montevideo y Buenos Aires y una vez instalado en Europa, en París. A partir de 1978 sus exposiciones individuales más destacadas las lleva a cabo en París, Ostende, Bruselas, Zurich y Madrid. Concibe y ejecuta esculturas monumentales para Trapees, ciudad satélite de París y para el barrio universitario de Reims. En 1988 crea una obra escultórica para los Juegos Olímpicos de Seúl.
Sus obras, entre otros lugares, se encuentran en el Museo Nacional de Bellas Artes de Montevideo y de París, así como en el Museo de Chartres, Ostende, y en diversas colecciones privadas de Francia, Bélgica, Suiza, Venezuela, Estados Unidos y España.
En el año 2002 realizó una exposición en Madrid titulada Más vale pájaro en mano que ciento volando que agrupaba 39 esculturas de aves de bronce y de collage de papeles multicolores sobre cartón. El de los pájaros es para mí un tema recurrente, señaló el escultor uruguayo, cuando lo entrevistaron en la galería rodeado por sus obras. Hago otro tipo de escultura y –de repente– siento la necesidad de volver a mis ‘pájaros’. No sé por qué. Tal vez porque siempre me atrajo, como forma geométrica, la esfera e inconscientemente hago la relación esfera-huevo-nido-pájaro
                                                        



En Palma de Mallorca Enrique Broglia,  es autor de la marquesina que da la bienvenida al Palau de la Premsa y de la escultura de un águila que inspiró el logotipo de conmemoración del 50 aniversario del diario Baleares Algunas de sus esculturas se pueden ver en espacios públicos de Palma, como la famosa Hacia el sur en el Parc de la Mar, entre otros, y buena parte de las mismas forman parte del fondo de la Col·lecció d'Art Serra.

                                                       
                                          Enrique Broglia Hacia el Sur
Poco a poco, Broglia conquistó un prestigio personal y llegó a recibir el premio Pedro Figari que otorga el Banco Central al conjunto de una carrera. Los altibajos de la vida privada lo afectaron en los últimos años de su vida lo cual no le impidió proseguir con su actividad profesional, hasta la muestra que realizó en una galería del aeropuerto de Carrasco en Montevideo algunos meses antes de fallecer.
                                                                
Ante una de sus obras


Quienes conocimos su obra y la cordialidad de su trato, somos hoy los primeros en recordar su fallecimiento y en evocar las creaciones que dejó como huella de su paso por el paisaje artístico de nuestro país al que tanto amó.
Vista en su globalidad pensamos que toda la obra de Broglia está penetrada por la angustiosa voluntad de manifestar el contrapunto conjugado de las fuerzas del bien y del mal.
                                                        
                    Ritmo del viento / Haizearen erritmoa. 2003.Portugalete. Bizkaia
  
Noche y día Bronce 2009
  
 
Proceso creativo de Enrique Broglia


 

sábado, 15 de noviembre de 2014

BLAS DE LEZO EL ALMIRANTE HÉROE VASCO Y ESPAÑOL QUE ADMIRÓ AL MUNDO EN 1741

Blas de Lezo y Olavarrieta Retrato en el Museo Naval de Madrid

Hoy 15 de noviembre de 2014 el rey Juan Carlos I ha inaugurado en Madrid el monumento erigido, por suscripción popular, al insigne marino el héroe D. Blas de Lezo.
 S.M. Juan Carlos I inaugura el monumento en la plaza de Colón de Madrid

Colocando el monumento. La escultura es obra del artista Salvador Amaya
La estatua de Blas de Lezo | Casa Real
Detalle de la escultura 
Madrid admira el monumento de D. Blas de Lezo
 

Blas de Lezo y Olavarrieta nació en Pasajes (Guipúzcoa) en el año de 1687 y murió en Cartagena de Indias el 7 de septiembre de 1741.

                                                                      
Casa natal en Pasajes
Puerto de Pasajes Mural de Daniel Zuloaga entre 1906-1907


Se educó en un colegio de Francia y salió de él en 1701, para embarcar en la escuadra francesa, como guardiamarina. Luis XIV de Francia y Felipe V de España  habían acordado que hubiese el mayor intercambio posible, de oficiales, entre los ejércitos y las escuadras de España y Francia, así como que también fueran comunes las recompensas.
De este modo vemos al joven Lezo, a la temprana edad de 17 años, embarcado de guardiamarina en el año 1704, en la escuadra del conde de Toulouse, gran almirante de Francia, con ocasión en que cruzaba frente a Vélez-Málaga y reñía un combate contra otra anglo-holandesa. La escuadra francesa había salido de Tolón y en Málaga se habían unido algunas galeras españolas mandadas por el conde de Fuencalada, única fuerza disponible. Se componía pues la escuadra franco-española de 51 navíos de línea, 6 fragatas, 8 brulotes y 12 galeras, sumando un total de 3.577 cañones y 24.277 hombres. La escuadra anglo-holandesa al mando del almirante Rooke estaba compuesta por 53 navíos de línea, 6 fragatas, pataches y brulotes, con un total de 3.614 cañones y 22.543 hombres. Fue tan empeñada la lucha que los de uno y otro bando quedaron muy maltratados, atribuyéndose ambos la victoria. No hubo navíos rendidos ni echados a pique, pero sí muchos daños en cascos y aparejos. Tuvo la escuadra franco-española 3.048 bajas, entre ellos dos almirantes muertos y tres heridos, uno de éstos el general en jefe conde de Toulouse. Las de los anglo-holandeses fueron de 2.719 bajas, de ellos dos altos jefes muertos y cinco heridos.
Afortunadamente para los anglo-holandeses, no volvió a trabarse la batalla, pues estaban muy escasos de municiones. Distinguióse en la acción Lezo, por su intrepidez y serenidad; la tuvo en tal grado que habiéndosele llevado la pierna izquierda una bala de cañón, siguió con gran estoicismo en su puesto de combate, mereciendo el elogio del gran almirante francés. Por su comportamiento, fue ascendido a alférez de navío.
Siguió su servicio a bordo de diferentes buques, tomando parte en las operaciones que tuvieron lugar para socorrer las plazas de Peñíscola y Palermo, en el ataque al navío inglés Resolution de 70 cañones, que terminó con la quema de éste, así como en el apresamiento de dos navíos enemigos, que fueron conducidos a Pasajes y Bayona.
Ascendido a teniente de navío fue destinado a Tolón y allí combatió en el ataque que a dicha plaza y puerto dio el duque de Saboya, en 1707. Lezo se batió con su acostumbrado denuedo en la defensa del castillo de Santa Catalina perdiendo en esta ocasión el ojo izquierdo.
Con ocasión de los aprovisionamientos al ejército con que Felipe V cercaba por tierra a Barcelona (partidaria del archiduque Carlos de Austria pretendiente a la corona de España en contra de lo dispuesto por el difunto rey de España Carlos II en su testamento) se dio a Lezo el mando de alguno de los convoyes de municiones y pertrechos de guerra que se le enviaban desde Francia. Burló la vigilancia de los barcos anglo-holandeses, que apoyaban por mar al archiduque Carlos. En cierta ocasión, cercado por todos los lados, tuvo que recurrir para pasar, al heroico medio de pegar fuego a parte de sus buques, para penetrar a través del incendio abriéndose paso, al propio tiempo a cañonazos.
A los seis años de servicio ( porque entró como guardiamarina embarcado en el año 4, aunque desde el 1 fuera guardiamarina en estado de estudiante, no embarcándose hasta el referido año, de ahí el referirse sólo a seis años), y 23 de edad, fue ascendido a capitán de fragata y mandando una en la escuadra de Andrés del Pez, llegó a hacer once presas, la menor de 20 cañones, y una de ellas la del navío Stanhope, recibiendo nuevas heridas en éste combate.

                                                                           


La captura del Stanhope (cuadro del Museo Naval)



Ascendió a capitán de navío en 1712, y al año siguiente tomó parte en las operaciones del segundo ataque a Barcelona ( ésta siempre del lado del pretendiente Carlos de Austria) cercada por tierra por el duque de Berwick, teniendo varios encuentros con el enemigo, en uno de los cuales recibió otra herida que le dejó inútil del brazo derecho.
En 1714, también en la escuadra de Andrés del Pez, pasó a Génova para traer a España a la reina doña Isabel de Farnesio (segunda esposa de Felipe V) pero, al resolver venir por tierra la reina, regresó la escuadra y se preparó para la expedición de recobro de Mallorca, en manos del pretendiente austríaco, que tuvo lugar al siguiente año de 1715, tomando parte en ella el buque de Lezo y seis navíos más, con diez fragatas, dos saetías, seis galeras y dos galeotas; todas estas fuerzas al mando del gobernador general de la Armada Pedro Gutiérrez de los Ríos, conde de Fernán Núñez. Apenas desembarcaron los diez mil hombres, que llevaba la escuadra en los transportes, los mallorquines se sometieron a Felipe V, el rey legítimo.
En 1716, mandando el navío Lanfranco, se incorporó éste a la escuadra del general Chacón, destinada a recoger la plata y a auxiliar a los galeones perdidos en el canal de Bahama. Poco después, se agregó a dicho navío una escuadra destinada a los mares del Sur, a cargo de los generales Bartolomé de Urdinzu y Juan Nicolás Martínez. Con el Lanfranco iban el Conquistador, Triunfante y la Peregrina. Tenían como objetivo la limpieza de corsarios, piratas y de buques extranjeros que, haciendo un comercio ilícito, perjudicaba grandemente a la hacienda española.
Después de siete años en este servicio, recayó, al fin en Lezo el mando de esas fuerzas navales del mar del Sur, el 16 de febrero de 1723, capturando seis navíos de guerra, por un valor, sólo de su carga, de 3.000.000 de pesos; tres de ellos se agregaron a la Armada Real. Durante este periodo realiza numerosas salidas en las que sostiene combates, limpiando las aguas de Chile y Perú, de corsarios enemigos. Permaneció en los mares del Sur hasta el año 1730, en que fue llamado a España por orden del Rey.
La corte estaba en Sevilla y allí se dirigió Lezo para informarle de todas las vicisitudes de su último mando.

Grabado de Sevilla en la época que estuvo en ella D. Blas de Lezo
                                                                         
Obtuvo la aprobación real y, como recompensa a sus valiosos servicios, fue promovido a jefe de escuadra.
Permaneció en el departamento de Cádiz hasta el 3 de noviembre de 1731, en que embarcó en una escuadra de 18 navíos, cinco fragatas y dos avisos, al mando del marqués de Mari, destinada al Mediterráneo, para asistir al infante don Carlos (futuro Carlos III) en las dificultades que pudieran surgirle en su toma de posesión de los estados de Italia, a la muerte del duque de Parma, Antonio Farnesio sucedida el 20 de enero de 1731. Existen cartas firmadas por el conde de Santi-Esteban, en que por orden del futuro Carlos III.,  se expresa la satisfacción que causaron los buenos servicios del general Lezo.
Habiendo surgido ciertas diferencias con la república de Génova, España estaba resentida por la conducta observada por aquel estado y no de acuerdo con sus procedimientos, el general Lezo, por orden superior, se personó en aquel puerto con seis navíos y exigió como satisfacción, que se hiciesen honores extraordinarios a la bandera real de España y que se restituyeses inmediatamente la plata que se retenía. Mostrando el reloj a los comisionados de la ciudad, que buscaban el modo de eludir la cuestión, fijó un plazo, Transcurrido el cual la escuadra rompería el fuego contra la ciudad. Ante esta decidida actitud se hizo el saludo pedido y se transportaron a bordo los dos millones de pesos fuertes, pertenecientes a España, que tenía guardados el banco de San Jorge. De tal cantidad se envió, por orden del Rey, medio millón para el infante don Carlos y el resto fue remitido a Alicante, para sufragar los gastos de la expedición que se alistaba para la conquista de Orán.
En esta jornada arbolaba su insignia, el general Lezo, en el navío Santiago, ejerciendo las funciones de segundo jefe de la escuadra, mandada por teniente general Francisco Cornejo. Estaba compuesta de doce navíos, dos bombardas, siete galeras de España, dos galeotas de Ibiza y cuatro bergantines guardacostas de Valencia.
 El 15 de junio salió la expedición de Alicante para Orán, llegando el 28 ante la plaza; la escuadra escoltaba a una expedición de tropas mandadas por el conde de Montemar, eran veintiséis mil hombres, llevados en 535 buques de transporte, se verificó el desembarco en la cala de Mazalquivir, protegido por el fuego de los buques; José Navarro, entonces capitán de navío, comandante del Castilla, mandaba las embarcaciones menores (como más antiguo capitán); se atacó a Mazalquivir y cuando lo vieron tomado los defensores de Orán, abandonaron la plaza rodeada de murallas y guardada por cinco castillos; una vez ocupada Orán y convenientemente guarnecida, Lezo regresó a Alicante escoltando 120 embarcaciones de transporte.
Terminadas las operaciones sobre la costa africana, se dirigió la escuadra a Cádiz, donde entró el 2 de septiembre de 1732.
 Las potencias berberiscas alarmadas con la toma de la plaza de Orán, se coaligaron para reconquistarla, atacándola por tierra y bloqueándola por mar; con este motivo salió Lezo, con los dos navíos que en Cádiz estaban preparados, el Princesa y el Real Familia, a los que se reunieron otros cinco; levantó el bloqueo y metió en la plaza los necesarios socorros, dedicándose después a dispersar a las fuerzas navales enemigas.
Determinó aniquilar a la capitana de Argel, un buque de 60 cañones; lo encontró y empezó a batirlo, pero los argelinos huyeron con fuerza de vela, perseguidos por Lezo, refugiándose en la ensenada de Mostagán, defendida por dos castillos a la entrada y por una fuerza de cuatro mil hombres, que acudió de las montañas vecinas al darse la alarma.
Entró Lezo tras el navío, a pesar de los disparos de los castillos y de los que se le hacían de todas partes y echando al agua lanchas armadas, prendió fuego a la tan bien protegida capitana de Argel.
Esta acción de la mayor intrepidez, que no podían esperar los argelinos, les alarmó de tal modo que les hizo pedir socorro a la Sublime Puerta (Constantinopla).
El general Lezo al saberlo, tras reparar ligeramente sus buques, en Alicante, pasó a cruzar desde Galita hasta el cabo Negro y Túnez, a la espera del socorro solicitado, para batirlo. Permaneció en el mar cincuenta días, hasta que una epidemia infecciosa, ocasionada por la corrupción de los alimentos, le obligó a regresar a España, tocando antes en Cerdeña para hacer nuevos víveres, en la cantidad necesaria para poder llegar a Cádiz.                                                                   
                                                                       
Un alumno de D. Blas de Lezo: Jorge Juan Santacilia (1713-1773) Marino, ingeniero naval, humanista y ciéntifico (Retrato del Museo Naval)

Tuvo no obstante, que entrar en Málaga donde dejó gran número de enfermos, entre ellos el guardiamarina Jorge Juan, que con tan buen maestro como era Lezo hacía sus primeras armas.
                                                                                                                                 
                                                                       
Detalle de la exposición organizada por el Ayto. de Málaga en septiembre de 2014 en homenaje a D.Blas de Lezo


También llegó Lezo enfermo de gravedad a Cádiz.
El Rey le manifestó su aprecio y como recompensa a los distinguidos servicios prestados le promovió a teniente general el día 6 de junio de 1734.
                                                                        
Monumento a D.Blas de Lezo en Cádiz

Desempeñando la Comandancia General del Departamento de Cádiz; al año siguiente (1735) fue llamado a la corte y, en ella permaneció muy poco tiempo pues él mismo decía "que tan maltrecho cuerpo no era una buena figura para permanecer entre tanto lujo y que su lugar era la cubierta de un buque de guerra; pidió el consiguiente permiso al Rey y éste se lo concedió" ya de regreso en el Puerto de Santa María, el 23 de julio de 1736, fue nombrado comandante general de una flota de ocho galeones y dos registros, que escoltados por los navíos Conquistador y Fuerte habían de despacharse para Tierra Firme (Ámerica del Sur)
Lápida en la calle Larga 70 del Puerto de Santa María (Cádiz)

                                                                       
Salió con su flota el 3 de febrero de 1737, llegando a Cartagena de Indias el 11 de marzo, quedando de comandante general de aquel apostadero, tan importante para la defensa del mar de las Antillas.
En noviembre de 1739, ya declarada la guerra con Inglaterra, tuvo noticias (por sus servicios de información) que en Jamaica se estaba alistando una importante expedición con fuerzas de desembarco que llegaban de Europa. Jamaica fue el punto de partida en diferentes ocasiones, de ataques a los puertos españoles: La Habana, Portobelo y el castillo del río Chagres, entonces éste navegable, y constituyendo parte de la vía de comunicación del Atlántico con la ciudad de Panamá y el mar del Sur.
La empresa en que pusieron mayor empeño los británicos fue en la de Cartagena de Indias. En febrero de 1740 tuvo el general D. Blas de Lezo noticias, por diferentes conductos, de las formidables fuerzas que preparaban los británicos para atacar a Cartagena. Estas noticias y las de varias presas que hicieron de algunos buques españoles ricamente cargados, le forzaron a tomar precauciones extraordinarias. Situó dos navíos en Boca Chica, paso obligado para entrar en la rada, serró la entrada con dos cadenas tendidas por fuera de los buques, para impedir la llegada hasta ellos de los brulotes con que pudieran atacarlos, y puso en estado de defensa los castillos que guardaban aquélla.
El Gobernador de la plaza había muerto el 23 de febrero. Por lo que el general Lezo tomó todas las disposiciones conducentes a la defensa.
Esta plaza, como todas las de América del Sur, estaba muy abandonada. Dos condestables de la escuadra reconocieron la artillería de la plaza y hallaron los cañones incapaces de disparar diez tiros, sin repuesto de balas y tan sólo con 3.300 libras de pólvora.
El 13 de marzo de 1740 se presentaron ante Cartagena de Indias ocho navíos enemigos con dos brulotes, dos bombardas y un paquebote; fondearon a unas dos leguas al oesnoroeste de la ciudad; después de reconocer la costa y tomar las sondas convenientes y establecer el bloqueo, se acercaron las bombardas, situándose este-oeste del convento de la Merced, empezando la ejecución de un tiro con materias incendiarias, con lo que quemaron varias casas y edificios; los cañones de la defensa no llegaban a las bombardas con sus tiros y así continuaron éstos haciendo fuego durante los días 18 y 19. Lezo mandó desembarcar un cañón de 18 que puso en tierra y  ahuyentó a las bombardas, con sus certeros disparos.
Toda la escuadra británica levó y se retiró a Jamaica, quedando dos navíos bloqueando a Cartagena; hicieron los británicos una segunda tentativa, avistándose desde Cartagena trece navíos y una bombarda, que reconocieron la ensenada de Barú; Lezo formó con otros dos navíos, otra segunda línea de defensa de Boca-Chica; viendo los británicos esta vigilancia y preparativos, regresaron a Jamaica sin atacar. El 31 de octubre había llegado de España una escuadra de diez navíos, mandada por el general Rodrigo de Torres, que facilitó algunos auxilios y permaneció en Cartagena de Indias hasta el 8 de febrero de 1741, que salió con destino a La Habana, también amenazada por los británicos.
Se personó en Cartagena el virrey del Nuevo Reino de Granada, Sebastián de Eslava, general muy acreditado por su valor y por su inteligencia.
Combate de Catagena de Indias, según una representación de la época
                                                                        
                                                                              
Entre él y Lezo tomaron las medidas, de mar y tierra, conducentes a la defensa, si bien Eslava se encontraba reacio a ello, como acreditan las quejas de que Lezo expuso posteriormente para que, por el marqués de Villadarias fuesen elevadas al Rey. Acusa a Eslava entre otras cosas de poca previsión en el acopio de víveres, así como de que despreciaba los avisos del ataque, que se proyectaba, que a Lezo daban sus espías y que después la experiencia demostró tan oportunos. No obstante las diferencias de apreciaciones que pudiesen haber, obedientes ambos a las ordenes que tenían, de colaborar, en todo momento, una vez empezó el ataque, mantuvieron una buena coordinación de esfuerzos. Lezo puso su alma en la empresa e imbuyó el mayor entusiasmo a su gente.  Se personó en todos los lugares del asedio firme como una roca y los ingleses, tras perder seis navíos y nueve mil hombres, incapaces de quebrar la resistencia española se tuvieron que retirar para humillación de su almirante Vernon. En el combate de Cartagena de Indias  España venció y humilló a la pretenciosa  y orgullosa Inglaterra de la época.
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Falleció el héroe en Cartagena de Indias (Colombia) el 7 de septiembre de 1741 a los 54 años a causa de los muchos sufrimientos y las heridas del asedio.
Estatua de Blas de Lezo que Don Juan Carlos inaugurará el sábado 15 de noviembre en Madrid.  FOTO José Ramón Ladra
El Teniente General de la Armada D. Blas de Lezo y Olavarrieta.  Escultura de Salvador Amaya

La fragata Blas de Lezo, a su vuelta a Ferrol después de unas maniobras
En primer plano la fragata Blas de Lezo

Carlos III  le concedió a título póstumo el título de marqués de Ovieco que siguen ostentando sus sucesores.
Escudo del marqués de Ovieco
Monumento en Cartagena de Indias
Combate de Cartagena de Indias Diario de Blas de Lezo (Museo Naval)
Sello postal en homenaje al héroe

Estandarte del Teniente General de la Armada D. Blas de Lezo en 1738. Fuente Ministerio de Marina

Lápida en su honor en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz)