Follow by Email

viernes, 21 de febrero de 2014

PALABRAS PARA EDUARDO SÁENZ DE VARONA EN LA PRESENTACIÓN DE SU LIBRO DE POEMAS "COMO NACE UN DESEO SOBRE TORRES DE ESPANTO" POR JUAN GÓMEZ MACÍAS





JUAN GÓMEZ MACÍAS



Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

                  LUIS CERNUDA
 (De Los placeres prohibidos, 1931)



           

Se estima que alrededor del  60 % de la población española no lee, ni siquiera la prensa deportiva. Esto es muy grave para el presente y peor para el futuro dado el intencionado abandono de las humanidades en la educación básica de la ciudadanía. Además, esos informes europeos que evalúan la calidad de la enseñanza, señalan como principal debilidad de nuestro sistema educativo la baja capacidad de comprensión lectora. En síntesis, se lee poco y desde pequeños tenemos problemas para entender lo poco que leemos.

Así las cosas, cabe preguntarse cuántos lectores de poesía pueden existir en nuestro país, deben ser poquísimos. Como indicadores fiables las bajas ventas de libros de poesía, las tiradas cortas y las escasas reediciones. Por tanto, la publicación de un libro de poemas es una noticia extraordinaria, algo a celebrar por todo lo alto. Y si el libro es bueno y lo ha escrito un poeta verdadero, la satisfacción es tan completa que nos resarce de las penalidades de lo precario.

No es vana esta precisión última porque no todo lo que se escribe con presunta intención poética es poesía ni todo el mundo está tocado por la gracia de la poesía. Ese arte que es, sin duda, la máxima y más exacta expresión del lenguaje nacido en lo más hondo de la condición humana, no tiene otro sentido y destino que la inmensa minoría, como decía Juan Ramón Jiménez. Quien en otro texto, añadió: El escritor en verso que se forma mediante un jercicio intelectual, con desdén de lo emotivo (Valéry), no es un poeta, sino un literato.
           
Eduardo Saénz de Varona ha escrito un buen libro de poesía. Lo ha hecho con un cuidado que se corresponde con el cuidado y la elegancia que caracterizan su desenvolvimento en la vida. Porque la poesía nace y crece sola, con la naturalidad y el esplendor de una flor y su promesa del fruto. La poesía, caprichosa y esquiva, va y viene: al poeta lo hallaremos siempre a merced de la gracia que hace posible su arte. El poeta, ese hombre culto y refinado, comprometido en su propio e ineludible empeño en pulir su obra y afinar su instinto.   
           
Como nace un deseo sobre torres de espanto —el título del poemario de Eduardo— es el segundo verso del poema Diré cómo nacisteis incluido en el libro Los placeres prohibidos, de Luis Cernuda.  La elección de este título no es ningún capricho sino una decidida prueba del entusiasmo por la obra cernudiana y por su identificación con el poeta sevillano. Los placeres prohibidos, junto a Un río, un amor (escritos entre 1929 y 1931) muestran a un Cernuda pleno de juventud rebelde contra el orden establecido, próximo a la revolucionaria estética del surrealismo y expresando una clara y contundente reivindicación de la homosexualidad.

Luis Cernuda fue un poeta incómodo en su tiempo y continúa siéndolo en nuestros días. Persecución y exilio fue la respuesta de la intolerancia. Y el olvido: no será hasta 1955 cuando unos poetas cordobeses, los del Grupo Cántico —Pablo García Baena, Juan Bernier, Julio Aumente y Ricardo Molina—, reivindicaron la obra y la figura del gran poeta andaluz muerto en el exilio. Es la primera vez que en España se rompe el cerco impuesto a Luis Cernuda. Y los primeros en escribir sobre él, Ricardo Molina y mi inolvidable amigo Vicente Núñez, el poeta de Aguilar.
           
Por eso decía más arriba que la elección del título no es casual. Responde al amor y admiración de Eduardo Sáenz de Varona por Luis Cernuda al que considera maestro principal y primerísima voz de la poesía española. Ese magisterio puede rastrearse en poemas de Eduardo incluso en la composición de su libro escrito en verso libre y completado con poemas en prosa: igual que Los Placeres prohibidos, compuesto con poemas en verso libre y poemas en prosa.

Dichas esas características esenciales, hay que añadir que este poemario reúne textos escritos en distintas épocas lo que, en manera alguna, resta unidad al libro. Es más, creo que la escritura poética —tan precisada del necesario distanciamiento y el imprescindible reposo— al ir eligiendo Eduardo de su cajón para dar forma a la obra, la selección y ordenamiento ha ido en beneficio de la coherencia y buen corte del poemario.

La segunda parte del libro comprende una docena larga de textos que él llama relatos poéticos —en realidad, poemas en prosa— completa el conjunto con un sutil toque de diario sin fechas aunque veraz crónica de las preocupaciones y experiencias del poeta. De mi predilección son los referidos a Kierkegaard; e inevitable debilidad siento por el dedicado al pintor Felipe Gayubo con quien compartí amistad y exposiciones.

El grueso del libro viene constituido por diez y ocho poemas que recorren los temas eternos de la poesía: el amor, la muerte, la vida. Poemas vividos y dichos desde las azoteas de su alma enarboladas de luz; desde los hontanares donde crecen las preguntas de unos seres, nosotros, que venimos de lo desconocido y a lo desconocido vamos inexorablemente; versos enzarzados en los laberintos del amor con sus gozos y tormentos y en los oscuros recovecos de la desolación existencial; poemas, en fin, nacidos del azaroso vivir pero en cuyo trasfondo late la certeza de que si existe sentido y salvación posibles es por la Belleza: esa diosa que nos induce a la exaltación del amor, a la alegría de sentirnos vivos y vividos, nobles y generosos en el regazo fértil de la naturaleza.

La naturaleza, la fuerza del paisaje, el mar, la luz erigiendo las formas que esplenden su grandeza en su obligada finitud, son fuerzas motrices del lirismo de Eduardo Saénz de Varona. Y la vida y sus prodigios acaban desbordándose:

¿Qué vendes, oh joven turbia
                       con los senos al aire?
                       Vendo, señor, el agua
                       de los mares.

Son estas líneas para expresar mi gratitud al autor. Este es un libro para leerlo cuando necesitemos procurarnos los materiales del regocijo, cuando sintamos en el costado la punzada de la soledad y el desaliento. Buen remedio estos versos pues Eduardo es un hombre que ha vivido. Sabe bien que no hay otra esperanza que no proceda del vivir y que un poema, un buen poema, no es más que un destello de la verdad: la suya, la del poeta.

 En ello está Eduardo Saénz de Varona, por eso ha publicado este libro. De sobra sabe que se escribe para el otro, que toda obra de arte se completa en el que la aprecia y en ella se contempla. Así como también sabe que quien logra escribir buena poesía es el que vive resuelto a conocerse en toda la profundidad humanamente posible.

                                                                










San Roque, 20 de febrero del 2014                                                  Juan Gómez Macías

                                                     


           
           




EL ACTO DE LA PRESENTACIÓN en la TV de San Roque: http://youtu.be/L5-cACiM5sk

NOTA: Juan Gómez Macías es también el autor de la portada del libro

No hay comentarios :

Publicar un comentario