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viernes, 5 de diciembre de 2014

MIGUEL DE MOLINA

                                                                            
Miguel de Molina en 1943
 Miguel de Molina canta La bien pagá, composición del maestro Perelló, en la película Esta es mi vida dirigida por Ramón Vinoly en Argentina en 1952

                             Miguel de Molina canta Ojos verdes de Valverde, León y Quiroga



Este artista genial, nació en Málaga el 10 de abril de 1908 con el nombre Miguel Frías Molina

Hijo de una familia humilde vino al mundo en una Andalucía donde habitaba la pobreza, los terratenientes, el clero de la época, la superstición...y todo ello suponía un caldo de cultivo para provocar una guerra civil como ocurriría posteriormente. Su padre era epiléptico y pasaba los días postrado en la cama.


Cuando  se proclama la república, es cuando Miguel se decide a dedicarse profesionalmente al mundo del espectáculo. Se convierte a partir de ese momento en Miguel de Molina y populariza canciones como «El día que nací yo» y «Ojos verdes». Al mismo tiempo obtiene un gran éxito bailando el «Amor Brujo» de Manuel de Falla. Miguel de Molina es un artista de composturas muy finas pero no amaneradas. Rompe moldes utilizando chaquetillas muy ajustadas y floreadas que marcarán su personalidad.
Miguel triunfa en Madrid, pero será en Valencia donde alcance su madurez artística. Recorre casi todas las poblaciones valencianas actuando en los teatros de Alicante, Castellón, Sueca, Xàtiva, etc. El estallido de la guerra civil le coge rodando su primera película en Barcelona, y que nunca sería estrenada. Miguel de Molina vuelve a Valencia donde adquiere una casa para vivir junto a su madre.
Es reclutado por el bando republicano para el servicio militar, pero su condición de artista le permite ser elegido para actuar por los pueblos y ciudades ante las tropas republicanas. Miguel de Molina declararía que cuando vio la película «Ay Carmela», le recordaba los tiempos en que él hacía lo mismo: levantar los ánimos del ejército republicano. En Teruel actúa en el frente de guerra y en mitad de la actuación sufrieron un ataque de las tropas de Franco, que finalmente logran entrar en Valencia. En ese momento se le recomienda a Miguel de Molina que asista a recibir a las tropas franquistas en la capital valenciana si no quiere tener problemas y Miguel, asustado, asiste a la entrada junto a otros artistas que son colocados en una tribuna, siendo obligados a realizar el saludo fascista.
En la España ya franquista Miguel de Molina recibe la visita de un empresario, miembro del Movimiento, quien le obliga a firmar un contrato para actuar por toda España a cambio de 500 pesetas por actuación, cuando anteriormente llegó a cobrar 5.000. Si no acepta las condiciones, se le prohibirá trabajar y su pasado como artista en las tropas republicanas le pasará factura. Miguel manifestó siempre que sus ideas eran las del respeto mutuo y la libertad de todos los hombres, pero la época no entendía de esta  filosofía.
Cuando lleva un año junto a otra compañera actuando para este empresario, aunque sabe que detrás hay alguien más importante, decide no renovar el contrato y así lo comunica a su interlocutor. Recibe esa noche una visita de tres individuos que le obligan a subir a un coche manifestándole que tienen orden de llevarle a la Jefatura Superior de Policía en el Paseo de la Castellana. Pero el vehículo seguirá hasta un descampado donde Miguel de Molina es brutalmente torturado: le arrancan el pelo a jirones, le rompen varios dientes y le desfiguran completamente la cara mientras le gritan "esto por maricón".
Estos tres individuos que se habían identificado como policías, siendo unos de ellos José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde que después fue alcalde franquista en Madrid. Años más tarde, en una entrevista concedida a Carlos Herrera, el agredido identifica a dos de sus agresores: Finat y Escrivá de Romaní y Sancho Dávila.
Miguel piensa que van a matarle y de hecho escucha algunos disparos mientras pierde el conocimiento. Cuando despierta está solo en mitad del descampado y como puede consigue parar un coche que le llevará a su casa en Madrid.

Su negativa a actuar para el empresario le ha costado muy cara. Recibe una notificación para ser confinado en Cáceres y de ahí pasará a Buñol, donde se le prohibe trabajar. Levantado el confinamiento y de nuevo viviendo en Valencia, Miguel de Molina recibe una invitación para actuar en Zaragoza y tras esta actuación le vuelven a prohibir que pueda trabajar.
Miguel de Molina, cansado de las prohibiciones para poder actuar, y con la urgente necesidad de ganar dinero, consigue de un amigo un pasaporte para viajar a Buenos Aires, quien además le 
acompaña para cruzar el charco y vivir en él. Es el año 1942 y el artista acaba de cumplir 34 años.
En la capital argentina triunfa allá donde actúa y adquiere una casa en propiedad que va llenando con sus múltiples pertenencias adquiridas con el dinero que va ganado. Sin embargo un día recibe una orden de que debe abandonar el país, por orden de la embajada española, sin más explicaciones. Pero antes pasará siete días en la cárcel y cuando sale para ser embarcado rumbo a España le habrán quitado todo el dinero que tenía, así como sus pertenencias de la casa: cuadros, joyas, antigüedades, marfil, etc. Precisamente será su amigo, y quien le consiguió el pasaporte, uno de los que más le expoliaron. Miguel de Molina estaba predestinado a estos desengaños.
Cuando vuelve a España se ve obligado a malvivir y descubre que todas sus desgracias: la explotación en las actuaciones durante los primeros años del franquismo, la paliza, la prohibición de actuar, su expulsión de Buenos Aires, etc. se deben a un mismo personaje: un alto funcionario de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco al que no conoce ni ha visto jamás. Un alto funcionario que además es homosexual y quiso destrozar a Miguel de Molina probablemente por que él quiso ser como el artista y nunca lo consiguió.
Viaja entonces a México y vuelven los problemas. Miguel de Molina está teniendo un notable éxito allá donde actúa, pero los teatros son controlados por un sindicato que preside Jorge Negrete. Algunos enviados avisan a Molina que debe someterse a las leyes que marca Negrete, pero Miguel se niega. A partir de ahí se le intentan «reventar» algunos espectáculos; colocan petardos en sus actuaciones e incluso una de ellas es interrumpida con grandes gritos por el secretario de Negrete: ni más ni menos que Mario Moreno «Cantinflas»
.El gobierno de Argentina ha cambiado y Miguel de Molina recibe una llamada de Eva Perón para que actúe en Buenos Aires en un festival benéfico. Hasta allí viaja Miguel y le cambia la vida. Firmará contratos con multitud de empresarios y participará en películas como Luces de candilejas o Ésta es mi vida. Actuando tambien en teatros, radio y televisión.
En 1957 vuelve a España y recorre toda la geografía española actuando.

Miguel de Molina actuó en varias ocasiones en Montevideo y Punta del Este. Miguel, ayudado por su amigo y extraordinario bailarín Ángel Pericet, convencieron a Imperio Argentina para que se presentara en el teatro. Nunca antes lo había hecho y acostumbrada al cine, el teatro le aterraba. Pero fue en el Teatro Artigas de Montevideo donde Imperio se presenta por primera vez en un teatro, compartiendo escenario con Miguel de Molina. Un exitazo que nunca más pudo repetirse. Posiblemente porque eran dos figuras muy grandes para un mismo escenario.
En 1960, a los 52 años, decide dar por finalizada su carrera artística.
Ángela Molina y Manuel Bandera en la película Las cosas del querer
La película Las cosas del querer dirigida por Jaime Chávarri en 1989 e interpretada por Manuel Bandera, Ángela Molina y María Barranco es una versión libre basada en su vida. Resultó un éxito de taquilla. En los años noventa se hizo una segunda parte en Argentina. A Miguel de Molina, la producción de la película no le pagó derechos por utilizar, de manera libre, su historia personal.

A finales de 1992 a los 84 años, el rey Juan Carlos I le otorgó, por medio de la embajada, la Orden de Isabel la Católica, el embajador, en nombre del rey dijo que Miguel de Molina se lo merece. Ha sido el mejor en el renacer actual de la copla y sigue siendo el maestro indiscutido de todos. Sirva esta condecoración de sentido reconocimiento y homenaje a su entrañable labor representando lo más noble y profundo de España.


                                                      
Miguel de Molina, Hijo Predilecto de Málaga, el día de la imposición de la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Cátolica
Miguel de Molina manifestó entonces que desde 1940 a 1992 habían pasado 52 años, «es cierto que en España, gracias a la democracia, a su majestad el rey Juan Carlos I y al pueblo, se barrió el fantasma de Caín...pero yo sentía que esa reparación, que quería simbolizarse en la condecoración, me llegaba demasiado tarde. De 1940 a 1992 España tardó cincuenta y dos años en darse cuenta de que habían tronchado la vida de un hombre que hubiera querido crecer artísticamente y desarrollarse en la tierra donde nació, sin ser ingrato con la Argentina que me cobijó».

Tres meses después la muerte le sorprendió en su casa de Buenos Aires, el 5 de marzo de 1993.
   

                                                      
Monumento a Miguel de Molina en Málaga

    
                                                 
Exposición sobre Miguel de Molina en 2012 en El Casino de la Exposición de Sevilla
                                                     
El Casino de la Exposición de Sevilla durante la muestra en homenaje a Miguel de Molina

Pabellón de Sevilla en la Exposición Iberoamericana de 1929 hoy Casino de la Exposición obra del arquitecto Vicente Traver en una foto de la época de su construcción



 Entrevista de Carlos Herrera en Buenos Aires 1990

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