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lunes, 4 de enero de 2016

MARGA GIL ROËSSET EL AMOR FATAL DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Del Diario de Marga . Ese que entregó a Juan Ramón Jiménez la mañana del 28 de julio 1932 , día de su muerte , diciéndole no lo leas ahora y que el poeta conservó siempre








Margarita Gil Roëset






Marga (Margarita) Gil Roësset nació el 3 de marzo de 1908 en Madrid. Era hija de Julián Gil Clemente, general de ingenieros, y de Margot  Roësset  Mosquera descendiente por rama materna de gallegos ilustres, cuyos orígenes se remontan a 1673, y por la paterna de un ingeniero francés que vino a nuestro país en la primera mitad del siglo XIX a realizar las instalaciones ferroviarias de Portugal a España. Del matrimonio de Julián Gil y Margot Roësset nacieron: Consuelo, Marga y dos varones.


La esmerada educación de Margot le sirvió para volcarse en la de sus hijas lo que hizo de las niñas dos criaturas extraordinarias que deslumbraban al Madrid cultural de la época.



Marga nació muy enferma y desahuciada por los médicos. Pero el tesón de su madre y el convencimiento de que por medio del amor podía sacarla adelante la salvaron.



Su madre, Margot, era bellísima. En los estrenos de la ópera, las otras señoras esperaban verla entrar para admirar sus modelos. Tenía una expresión seria y profunda, y era  muy religiosa. Siempre procuró rodear a sus hijas de lo mejor, y así, para que aprendieran a dibujar, las llevó al estudio del famoso pintor José Mª López Mezquita (1883-1954) que enseñaba a Consuelo y se limitaba a contemplar asombrado lo que Marga hacía.



Las dos hermanas hablaban cuatro idiomas, viajaban, asistían a conciertos, escribían y dibujaban.


La relación de Marga con su madre, quizá por la enfermedad infantil, era especialmente tierna. A los siete años - es lo primero que se conserva de ella - escribió e ilustró un cuento para su madre que es la primera prueba de un talento extraordinario que quedó patente con la publicación, en 1920, de un cuento de su hermana, “El niño de oro”,  editado e ilustrado por ella a la edad de 12 años.




                                           


Dibujo de Marga para el cuento El niño de oro de 1920 








 En la historia del arte, que nosotros sepamos, no se conoce ningún caso similar de dibujos perfectos, originales, y de trazo y factura absolutamente seguros en una criatura de esa edad. En 1923, en París, ambas hermanas publicaron otro cuento, “Rose des Bois”, en cuyos dibujos llegó Marga, que lo realizó a los 13 años, a un barroquismo de diseño, trazo y elaboración sin precedentes en una niña de su edad.






                               
 Uno de los dibujos de Margarita Gil Roëset para el cuento de su hermana Consuelo Rose des Bois. Publicado en París en 1923 cuando contaba 13 años de edad













                                            
Cabeza de mujer  c. 1923.  Escayola 





Dio un giro absoluto y se dedicó a esculpir. Su madre, entonces, y continuando con su deseo de rodear a Marga de lo mejor, la llevó al estudio del escultor Victorio Macho (1887-1966) autor, entre otros muchos, del monumento a D. Benito Pérez Galdós en el Parque del Retiro de Madrid.



                                            





El ya famoso escultor se negó a darle clases por no estropear su talento creativo. Era, por tanto,  completamente autodidacta.





                                     
Marga en su taller de escultura  




                                       
En sus dibujos los críticos de la época veían influencias de tal o de cual ilustrador pero la única influencia en los dibujos de Marga era la de los que veía en los cuentos que leía. Algunos de ellos fueron casi copiados por Antoine de Saint-Exupéry(1900-1944) para su obra “El principito”.


                                         
Uno de los dibujos de Marga que inspiraron a Antoine de Saint-Exupérit para los que incluyó en Le petit prince





 Pero en sus esculturas, ahí ya no les fue posible encontrar influencias: todos coincidieron en que era única, distinta, genial. En palabras del famoso crítico de arte y escritor José Francés (1883-1964) en la revista de Madrid “La Esfera”, de 17 de agosto de 1929 "como escultora Marga ES".


 

Y debía de trabajar y trabajar, solo trabajar. La cantidad de obra que se conserva, pese a haber destruido la mayor parte el día que murió (se deshizo incluso de las fotografías de sus esculturas) es insólita.








                                            
Adán y Eva. Margarita Gil Roësset 1930








En 1930, a los 22 años, presentó "Adán y Eva" a la Exposición Nacional de Escultura y fue un enorme éxito. Nadie se explicaba cómo era posible que aquella muchachita pudiera esculpir así. Ya era una gran escultora de vanguardia. 









                                             
Juan Ramón Jiménez. Retrato de Joaquín Sorolla






Después... conoció a Juan Ramón Jiménez (1888-1958), en los primeros meses de 1932 (ya siendo pequeña le había llevado un cuento, con su hermana, a su mujer Zenobia Camprubí (1887-1956), a la que admiraba - no olvidemos que Zenobia era la traductora de Tagore, y las niñas, claro, leían a Tagore -), pero no la trató. 

En 1932 y en un concierto la ya retirada soprano Olga Bauer-Pilecka (1887-1941) los presentó. Marga decidió de inmediato hacer un busto de Zenobia y lo hizo.  




            
   
Busto de Zenobia Camprubí. 1932. Piedra con la pátina perdida. Fundación Juan Ramón Jiménez. Moguer (Huelva)
                                           




La pasión de aquella frágil criatura que esculpía en granito y en piedra (caso totalmente inusual en una mujer de su época), continuamente herida por las esquirlas que le saltaban, se volcó en un hombre hiperestésico que no se dio cuenta y no calibró lo que desencadenaba con su coqueteo continuo, contenido y medido, que practicaba siempre con la legión de jovencitas de talento que le frecuentaban con su beneplácito y con el de Zenobia. No vio que Marga era distinta: era un genio, era pasión, y se le fue de las manos su paternal y coqueta tutela. Marga no admitió que le impusieran su forma de producirse con el poeta, como nadie le había impuesto su forma de dibujar o esculpir.  No quiso vivir y no vivió. Por eso aquella fatal mañana del 28 de julio de 1932 tras pasar por la casa del futuro premio nobel le entregó un sobre que contenía su diario con estas palabras “no lo leas ahora” y dirigiéndose a casa de su tío Eugenio, en Las Rozas, tomó la pistola de su abuelo y se disparó un tiro en la sien. Tenía 24 años.


 La falta de visión de Juan Ramón Jiménez, la falta de sensibilidad que, con sus 51 años, le impidió cortar aquel amor cuando surgía y apartarlo, que le impidió ver lo que aquel amor podía llevar a hacer a Marga, todo ello unido al genio de Marga y a lo que un talento así puede marcar y desequilibrar a una muchacha de 24 años, nos robó gran parte de su obra ya realizada, y nos privó de todo lo que podía haber hecho en un periodo de vida normal.



Juan Ramón diría después “la muerte de Marga ha descompuesto mi vida” y le dedicaría una semblanza en su obra “Españoles en tres mundos” y varios poemas. Este es uno de ellos:








Marga Gil Roësset




Tú sufrimiento, muerta tú,

se ha quedado espandido sobre mí,

como el rojo del sol

después de puesto, por la tarde.

Sentimiento sordo, profundo,

concentrado, inmenso como el rojo

de la puesta de la puesta de Sol en un crepúsculo eterno








En Las Rozas en el cementerio antiguo, no sabemos dónde, porque una bomba durante la guerra civil cayó allí y destruyó únicamente su tumba,  reposa junto a sus padres Marga Gil Roësset, que dejó de vivir por su propio deseo el 28 de julio de 1932.



                                                                            
Cementerio antiguo de Las Rozas





 El antes citado famoso crítico de arte José Francés dejó escrito para la historia del arte español "De ahora en adelante, cuando se hable de la escultura española, hay que citar el nombre de Margarita Gil Roësset y sobre todo su arte" (La Esfera, 17 de agosto de 1929)



 

                                                        
José Francés
       








Agradecimientos:

  
-- Ana Serrano Velasco, la mejor conocedora de la vida y obra de Marga y de cuya página he extraído gran parte de los datos  para este artículo.

             



                                                       
                                                                      
El autor del Blog y Blanca Orozco


-- A la artista Blanca Orozco Sambucety por el homenaje que  rindió a Marga en su muestra no lo leas ahora y que se pudo visitar en el Centro Documental José Luis Cano de Algeciras hasta el 31 de mayo de 2015. Respecto de esta exposición se puede ver mi artículo “Lo de Marga” y la exposición de Blanca Orozco en Algeciras publicado en la página 58 de EUROPASUR el 8 de mayo de 2015.







-- Al poeta campogibraltareño Juan Emilio Ríos Vera que le dedicó este bello poema:



                                                                     
Juan Emilio Ríos (izquierda) y el autor del Blog






A MARGA GIL ROËSSET, que se suicidó
por amor a Juan Ramón Jiménez.





"Qué dulce es el amanecer del
último día”

                                                           Marga Gil Roësset
 










El último sol acude a mis ojos
que titilan trémulos.
La noche ha sido un volcán
que amenazaba hacerse fuego
y se ha quedado en pálida oscuridad.
Nada es capaz de alumbrar
mi cieno, mi pozo negro,
mi de luto mar.
Me parece, amor, que tendré
que morirme triste,
sin beso que atempere
el calor de mis labios,
sin beso que acaricie
mi desnudez,
sin beso que ponga
miel en mi boca arrasada por
la tierra negra y la arena.
No hay techo alguno
que cubra mi intemperie,
suelo alguno
que acoja a mis pies.
No tengo más remedio
que morirme,
que matar mis rodillas,
que ajusticiar mis ansias
de amarte sin las bridas
que impone la razón.
No te apiades, Juan Ramón,
cuando veas mi cuerpo roto,
mi asesinada sangre
que todo lo cubrirá con
su escándalo mudo,
mi quebrada voz
y mi ala en tierra.
He roto todas mis obras
menos las palabras
que te dejo póstumas
en tus manos frías
de poeta en su exilio.
Ésas no he podido romperlas.
No se dejaban fracturar,
no permitían que las
redujera a cenizas
ni a fonemas inconexos,
por eso te las llevo,
como si fuera la cabeza
de Holofernes en bandeja
de plata.
A ti que eres el dios
supremo de las palabras,
porque tú más que nadie
sabrás entenderlas,
sabrás qué hacer con ellas,
en su mortaja de papel
y lágrimas.
Según tú mismo
yo era misteriosa…
morbosa…
sensiblera…
y ahora todo mi misterio
habita en mi cuerpo muerto,
todo mi morbo
se refugia en mi dormida
mente para siempre,
todos mis sentimientos
han acabado en las alcantarillas
y los muladares.
Adiós, Juan Ramón,
he cruzado al país de la muerte
porque allí no podrás
negarte que te ame.
Y ahora tú,
haz con mi nombre,
con mi voz,
con mis palabras
lo que quieras.
Tuya siempre Marga.






                                                         


Foto de Marga Gil Roësset que el premio nobel siempre conservó en su mesilla de noche










Dibujo de Marga Gil para el cuento de su hermana Consuelo El niño de oro en 1920




Margarita Gil Roësset . Óleo sobre lienzo de Chechu Álava . 2012
 








                                                 
                                                                              
                           
Rose des Bois de Consuelo Gil Roësset, con ilustraciones de Marga Gil Roësset
                                                       







                                                                           
Marga
















ADENDA:  Este artículo, con ligeras variaciones, se publicó en el periódico del Campo de Gibraltar EUROPASUR el día 26 de mayo de 2015 en su pag. 71  http://www.europasur.es/article/ocio/2038358/marga/gil/crepusculo/amor.html 

Y en el periódico digital www.tiojimeno.org  también el 26 de mayo de 2015 http://www.tiojimeno.es/2015/05/marga-gil-crepusculo-de-un-amor-por.html


También en la Revista del Campo de Gibraltar Hércules Cultural nº 9 correspondiente a octubre, noviembre y diciembre de 2015 en sus pag. 18 y 19. 


Fue, además, finalista del Premio José Luis Tobalina que otorga el Ateneo de Algeciras.

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